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La junta directiva es el máximo órgano de gobierno en una empresa y garantiza control, supervisión de presidentes, gerentes y directores, pero tiene responsabilidades
El término gobierno corporativo ya no es nuevo para las empresas, que desde hace 15 años invierten más en estos estándares para que los grupos de interés estén tranquilos con la manera en cómo se dirigen las compañías.
Por esta tendencia, más la falta de cabeza en entidades como Ecopetrol o la Federación Nacional de Cafeteros, y las disputas entre accionistas del Grupo Empresarial Antioqueño y el Grupo Gilinski, es que este marzo todos los ojos están puestos en las asambleas de accionistas de los grandes grupos empresariales, en las que es precisamente la junta directiva la que debe brillar por su estrategia.
Cada vez más actores piden que se dejen atrás los nombramientos de amigos o de la misma lista de prohombres que han encabezado estos órganos de control por años para dar paso a líderes integrales y multidisciplinares para que no solo escojan al presidente o gerente adecuado que logre ejecutar los planes establecidos, sino que den muestra de que están a la altura de establecer proyectos de mediano y largo plazo para recorrer el camino en medio de una coyuntura que tiene cada vez mayor incertidumbre.
Las juntas directivas dejaron de ser un adorno y no deben olvidar que entre su trabajo también está el de ser corresponsables del manejo de la compañía y funcionar como agentes de control para que los gerentes no olviden su responsabilidad no solo con los accionistas, sino con las comunidades y sus empleados. La misma literatura ha establecido que estos órganos deben además de supervisar, ratificar las decisiones que toma la alta gerencia, así que en un país de varios escándalos también es claro que estos directivos deben velar y responder por el buen comportamiento de las compañías que están liderando.
Y para que este fin se logre no se deben olvidar los parámetros de diversidad, que no solo son para mostrar en un papel la inclusión de mujeres o de minorías, sino que esta diversidad es la que aporta y ayuda a que ante una decisión crítica se miren otros puntos de vista y se tengan todas las implicaciones y consecuencias de una nueva estrategia.
Las juntas deben exigir a su alta gerencia las cuentas claras para poder cumplir con uno de los principios básicos de estos órganos rectores, la independencia, que les permita establecer planes a futuro que no se hagan por favoritismos, sino que sean proyectos para el beneficio de todos los grupos de interés y con el foco claro de la meta establecida; que muchos olvidan en el camino por aprobar inversiones para cumplir presupuestos. Ya la literatura también ha demostrado que tener juntas independientes lleva a mejores rendimientos financieros y menores niveles de endeudamiento.
Que los focos que se están poniendo en las asambleas y en las juntas directivas que terminan esta semana sean el momento perfecto para acabar con décadas de organismos donde reinan, según el estudio del Cesa sobre el papel de las ‘Juntas Directivas en el desarrollo del Gobierno Corporativo’, “los bajos niveles de independencia, la presencia mínima de directores extranjeros, en promedio dos puestos como directores para cada miembro de junta directiva” y se dé un aumento de la participación de las mujeres, que aún sigue siendo baja.
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