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Una crisis ministerial a cuenta gotas esfuma la sensación de cambio de rumbo para unos ministros que no saben ejecutar el dinero público
EDITORIAL

Ser ministros es mucho más que ser exministros

miércoles, 3 de julio de 2024

Una crisis ministerial a cuenta gotas esfuma la sensación de cambio de rumbo para unos ministros que no saben ejecutar el dinero público

Foto: Gráfico LR

Una crisis ministerial a cuenta gotas esfuma la sensación de cambio de rumbo para unos ministros que no saben ejecutar el dinero público y no adelantan planes radicales

Editorial

Desde 2000, el promedio de duración en el cargo de un ministro en Colombia no supera los 18 meses, y quienes logran mantenerse en el cargo no tienen grandes cosas qué mostrar en términos de buenas políticas públicas.

El grueso de los políticos ven en el desempeñar un ministerio, un escalón más para seguir evolucionando sus aspiraciones públicas, una suerte de etapa en su hoja de vida, pero raras veces en una verdadera vocación para dejar un legado para el país económico o social.

Alcaldes, concejales, gobernadores, diputados, representantes y senadores, buscan afanosamente ser nombrados ministros sin ninguna responsabilidad, pues saben que lo importante no es tener a cargo un buen presupuesto, ni ser los responsables de capítulos esenciales para el desarrollo social y económico del país, sino enriquecer su hoja de vida encaminada a una etapa superior que los llevará -seguramente- a ser rectores, dirigentes gremiales o a la buena vida de embajadores o notarios, y por qué no, presidentes.

Ser ministro es mucho más que ser exministro. Por estos días abundan las cartas firmadas por cientos de exministros, incluso exviceministros, cargadas de consejos sobre cómo gobernar o salir de los problemas, olvidando de tajo la gestión que desarrollaron, por lo general muy pobre. Ahora que el presidente Petro está anunciando cambios en un gabinete ministerial que deja mucho que desear, debe traerse a colación la dimensión en el ser y el hacer de los ministros, teniendo en cuenta que lo primordial es ejecutar, transformar y liderar las necesarias políticas públicas encaminadas a llevar al país en el camino del desarrollo.

Nombrar ministros no es una chiva periodística, no es una cortina de humo para tapar otras situaciones, nombrar un ministro debe ser una acción responsable, cargada de ideas de verdadero cambio o evolución de la sociedad. Una crisis ministerial es una oportunidad de la administración nacional que, ante todo, debe tener como objetivo principal hacer avanzar el país en los 17 frentes que representan igual número de ministros.

Los cambios en los ministerios no son cuotas para conseguir respaldos en el Congreso, ni representaciones a algunos sectores productivos; la renovación ministerial debe estar encaminada a resolver problemas nacionales: la seguridad, el manejo de la economía, las industrias extractivas, la generación energética, la producción agropecuaria, las exportaciones, las relaciones internacionales o la educación que necesitan los jóvenes para enfrentar su futuro.

Yerra el Gobierno cuando los ministros son nombrados como resultado de componendas políticas o cuotas para sus financiadores de campaña y no para que resuelvan los pendientes del desarrollo nacional. Ser ministro es administrar recursos públicos, liderar cambios en su sector, es trabajar con el Congreso, es tener el país en la cabeza, pero sobre todo es ejecutar, mostrar la tarea para la cual ha sido nombrado.

Colombia no puede seguir nombrando personas incapaces en los ministerios; por cada error que se comete en un nombramiento se condena al subdesarrollo de un sector, por año y medio como mínimo, con graves consecuencias para la sociedad. Ha hecho carrera y se ha aceptado que los nombres que llegan a ocupar ministerios vengan de favores políticos y no por enfoque y preparación para un cargo. Uno de los cientos de problemas que tiene Colombia es por los desaciertos en los ministerios.

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