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EDITORIAL Paradojas de los tratados de libre comercio
viernes, 2 de agosto de 2013
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Hace pocos años, los TLC eran la panacea empresarial. hoy que son una realidad, más que una oportunidad son una amenaza

Hace pocos años, los TLC eran la panacea empresarial. hoy que son una realidad, más que una oportunidad son una amenaza
 
Si se revisan con detenimiento los discursos de las asambleas y los congresos gremiales entre finales de los años 90 y el primer lustro del siglo XXI, podremos encontrar dos lugares comunes frente a las reivindicaciones al Gobierno Nacional de turno: la primera eran las críticas a la revaluación del peso frente al dólar, y la segunda, la exigencia de buscar tratados de libre comercio para poder crecer las exportaciones de nuestros bienes y servicios. Hoy, pasados algunos años, algo ha cambiado. La competitividad a punta de tasa de cambio sigue siendo una constante en las peticiones gremiales, pero en materia de tratados de libre comercio se pasó de un imperativo al Gobierno a un temor casi generalizado. ¿Qué pudo haber pasado?
 
Lo primero es que el Gobierno Nacional no puso de su parte en materia de infraestructura, como tampoco desarrolló políticas industriales. Pero lo segundo es lo más importante, y es que muchos sectores industriales ‘mataron el tigre y se están asustando con el cuero’. Por ejemplo, los textileros eran quienes lideraban muchas de las reivindicaciones aperturistas e integraron sendas comisiones de negociación en tratados comerciales, como el de Estados Unidos, y al llegar la hora de entrada en vigencia se han tenido que especializar porque a ese gran mercado del norte llegan productos muy baratos de todo el mundo, y la competencia es muy dura. La cadena textil de Centroamérica y Perú llegó primero; son más eficientes y obligaron a los nacionales nuestros a reinventarse.
 
Ayer, que se ha puesto en marcha el tratado de libre comercio con la Unión Europea, los que empiezan a pedir ayudas del presupuesto son los productores lácteos. La paradoja está en que siempre pidieron más mercados para vender la sobreproducción de leche que experimenta el país, pero ahora que los tienen vuelven a asustarse con el cuero. Es cierto que el sector agropecuario es vulnerable frente a los subsidios que tienen sus competidores de Europa. La idea que se debe poner en marcha de manera urgente es ver cómo el Fondo Nacional del Ganado se reorienta y se hace más efectivo para desarrollar proyectos como los clusters lácteos o las zonas lecheras especiales, algo así como unas zonas francas agrarias que quiere impulsar el Gobierno.
 
La historia del comercio exterior colombiano se rompió en dos durante estos tres años de administración Santos. En adelante los empresarios, no solo del agro, tienen muchas posibilidades de vender sus productos y servicios en los mercados de alto poder adquisitivo, pero para ser eficientes deben reinventarse, innovar, formar un nuevo recurso humano, y sobre todo, trabajar con las instituciones gubernamentales para ser exitosos en un nuevo contexto de negocios.
 

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