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EDITORIAL Palo porque boga y palo porque no
jueves, 27 de marzo de 2014
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Hace 60 años que La República publicó la primera noticia sobre el metro para Bogotá. Hablaba de que los estudios para el ‘subway para la Capital’ estaban listos. Han pasado seis décadas desde entonces y los estudios siguen estando listos, pero el canibalismo de la dirigencia política capitalina no ha dejado que el gran proyecto de movilidad se concrete. No es sino que un alcalde de turno hable del metro para que todos le caigan en gavilla a desvirtuar las rutas, las estaciones y hasta la banca de inversión que liderará el eventual proyecto financiero. Incluso hubo un alcalde, hoy candidato a la Presidencia de la República, que dijo que a Bogotá no le serviría el metro, que era mejor el Transmilenio.

Así se nos va pasando la vida y seguimos condenando a más generaciones a no tener un sistema de transporte masivo digno para una población cada vez más exigente y numerosa, hoy de nueve millones de habitantes. Según las cuentas y estadísticas nacionales, a Bogotá llegan para quedarse unas 250.000 personas cada año, pero los alcaldes de turno no han sido capaces de proyectar la ciudad a futuro. Ellos han sido el grave problema, no es sino ver la historia reciente; pero también tienen responsabilidad los jefes políticos de los concejales, de los diputados y representantes que se han opuesto a todo, simplemente por su sectarismo prehistórico.

Ahora se empieza a criticar al Gobierno central porque acató las decisiones judiciales en la destitución de Gustavo Petro y porque actuó con eficacia nombrando al ministro de Trabajo, Rafael Pardo, en esa vacancia legal. Claro que respaldamos al Presidente por la contundencia con que actuó en el espinoso tema de Bogotá, y porque está aprovechando el momento político para darle una luz de esperanza a una ciudad donde la anarquía y el caos se ha vuelto una forma de vida. Los problemas de Bogotá no dan espera, y así sean 10 ó 15 días, como dos o tres meses de interinidad, es necesario contar con un líder político experimentado que haga avanzar asuntos como lo del metro; que lleve el Transmilenio al Aeropuerto; que aproveche la política de vivienda gratuita de la esfera nacional; que no detenga las buenas políticas públicas de la Bogotá Humana de Petro, y que, sobre todo, le dé más seguridad a los barrios capitalinos.

Bogotá no puede seguir siendo de todos y de nadie. La Capital de Colombia debe pasar del dicho al hecho, empezar a hacer cosas concretas, grandes obras, recuperar la credibilidad institucional, garantizar desarrollo a los inversionistas, ser una ciudad cosmopolita y moderna, para que los hijos de quienes han decidido vivir aquí tengan un futuro que se les ha negado a varias generaciones.

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