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EDITORIAL

‘Mamarle gallo’ al metro como política pública

martes, 26 de septiembre de 2017

Desde hace más de 65 años todos los gobiernos y alcaldes mayores han sido incapaces de sacar el metro adelante

Editorial

Hay muchas razones históricas para no creer del todo los avances del metro como sistema masivo de transporte para Bogotá; no solo porque es una promesa incumplida por parte de los gobernantes del Distrito Capital durante más de seis décadas, sino por los presidentes de Colombia, quienes incluso han anunciado con bombos y platillos que respaldan la iniciativa y que se la jugarán por el metro como transporte digno para una ciudad de casi 10 millones de personas. Ayer se firmó en pleno el Conpes, que autoriza la primera línea de 23,9 kilómetros en las que habrá 15 estaciones, 10 de ellas conectadas con Transmilenio. Costará $12,94 billones, de los cuales $9,08 serán financiados por la Nación, lo que corresponde al 70% del valor total. Los restantes $3,86 billones los dará el Distrito. Lo más probable es que a finales de este año o a comienzos de 2018 se abrirán las licitaciones. Con este importante paso, queda claro que la Alcaldía de Enrique Peñalosa cumplió con todos los requisitos que ordena la ley de infraestructura para que el metro sea financiado por el Gobierno Nacional, tal como ha sucedido con varios sistemas de transporte masivo en otras ciudades. La pelota está en manos del Concejo para que apruebe los recursos de los que dispondrá en los próximos años como contrapartida para la construcción de la obra. También se requiere la expedición de las vigencias futuras del Gobierno a través de una sesión del Consejo Superior de Política Fiscal. Más adelante se firmará el convenio de cofinanciación que garantiza los recursos de Nación y Distrito, y se pueden iniciar los procesos de estructuración de la licitación del proyecto. Luego debe ponerse en marcha el convenio interadministrativo, mediante el cual se abrirá el proceso de licitación, en el cual se espera participen las empresas multinacionales más importantes en este tipo de obras, una de las más grandes del continente, no solo por su extensión, sino porque se convierte en la primera fase de un megaproyecto cosmopolita que le cambiará la vida a las nuevas generaciones de bogotanos. El Departamento de Planeación Nacional (DNP) ha jugado un papel determinante en este paso al meterse en los pormenores aparentes, como es la tarifa, que a sus ojos debe ser la misma de Transmilenio en el momento en que empiece a operar la línea en 2024. Quedan pasos cruciales en los que para avanzar hay que sincronizar voluntades a las que verdaderamente les duela la Capital. El Departamento de Planeación le recomienda al alcalde Peñalosa avanzar en la estructuración de estudios a nivel de factibilidad de los corredores troncales para que puedan ser susceptibles de cofinanciación por parte de la Nación. Ojalá este paso no sea una nueva desilusión para los bogotanos que han leído, escuchado y visto desde hace más de sesenta años que todos está listo para comenzar con el metro, pero se han enfrentado a la torpeza de los gobernantes. Como no recordar la primera página de La República de hace casi 64 años (1 de marzo de 1954) en la que el tema era una noticia en la que se daba por hecho, el alcalde de entonces era el coronel, Julio Cervantes, quien había sido puesto por el presidente de facto, Gustavo Rojas Pinilla y quien se recuerda como uno de los principales desarrolladores de la infraestructura de Bogotá. Hemos tenido tantas desventuras con el metro que ojalá esta no sea una más.

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