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EDITORIAL

Los subsidios los pagamos todos

lunes, 4 de marzo de 2013
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La ola de protestas sociales en pos de subsidios y ayudas solo tiene un bolsillo: los impuestos que pagamos todos

La ola de protestas sociales en pos de subsidios y ayudas solo tiene un bolsillo: los impuestos que pagamos todos
 
El pasado fin de semana, tres ministros del gabinete, la Federación Nacional de Cafeteros y los líderes de los manifestantes estuvieron reunidos en largas jornadas de trabajo para llegar a un acuerdo que permita levantar las protestas; citas críticas que no solo afectan a quienes son los protagonistas activos de  las huelgas, sino que perjudican la infraestructura económica del resto de los colombianos en estado pasivo. Pero la reunión en sí misma no es lo crucial, el verdadero núcleo del problema es que allí se estaba redefiniendo gran parte del presupuesto de todos y una buena tajada de la pasada reforma tributaria, que tanto dolor de cabeza ha generado.
 
Hay que ser conscientes de que lo que allí se defina va a repercutir en los planes de mejoramiento de la educación, la construcción de la infraestructura o la jubilación de colombianos que no tienen acceso a una pensión. En pocas palabras, gran parte de los recursos se los están llevando los beligerantes que piensan que con protestas violentas solucionan sus problemas de competitividad.
 
Es cierto que los colombianos no cafeteros les debemos mucho a quienes les han dedicado sus vidas a este cultivo. Nos han dado prestigio en el mundo comercial, nos han dado hermosos paisajes y han dotado de infraestructura a una buena parte del país que no tenía presencia del Estado. A los cafeteros les debemos mucho. Pero de un tiempo para acá, las mismas autoridades cafeteras y el Gobierno Nacional han cometido errores en el cultivo, y hoy se está pagando caro con escasa productividad y una alta competencia en los mercados internacionales.
 
Los cafeteros de menos de 20 hectáreas no son los culpables del camino que les hicieron seguir sus líderes, y hoy es válida su protesta; pero deben ser conscientes que con sus actos beligerantes (taponando carreteras y asfixiando ciudades como Popayán) no mejorarán su competitividad internacional, que a la postre será el factor que los sacará de la pobreza, no los subsidios. Bien lo decía el Primer Ministro de Nueva Zelanda en una entrevista exclusiva a este diario en su edición de ayer: “solo progresamos en el sector agrícola cuando acabamos con los subsidios”. Y hoy el país de Oceanía es el mayor productor de leche y un gran exportador de ganado.
 
El resto de colombianos que no son cafeteros, ni camioneros, no pueden quedarse cruzados de brazos cuando por métodos no convencionales se les está quitando gran parte de los impuestos para intereses particulares. Es el momento para que el gobierno de Santos, que ha carecido de posiciones firmes, se pare en la raya y gobierne para todos los colombianos. Alargar taponamientos de vías y encarecer bienes primarios en ciudades empobrecidas no es el camino de un país que construye la paz.

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