lunes, 20 de abril de 2020

Las mayor incógnita sobre esta pandemia es cómo afectará el tejido social y cuáles serán las consecuencias en la economía, pues todos coinciden en que no se volverá a la normalidad

EditorialLR

Ninguna ciencia social ni exacta, ni mucho menos artística, ha pasado desapercibida en la tarea de explicar y entender cómo se llegó a una situación como la generada por el Covid-19 con su destructiva pandemia. Pero más allá de poder describir por qué pasó y qué pasará, es un imperativo apurar las decisiones ejecutivas para que todo vuelva a la “normalidad”; afirmación que es una entelequia en sí misma, dado que la “normalidad” no puede ser ya nada más de lo que es.

De momento, no se puede esperar que las odiosas multitudes en el transporte público, las desesperantes las aglomeraciones en los supermercados, los rentables salones de clase abarrotados en los colegios y universidades o las largas filas para ocupar una mesa en un restaurante, volverán a la normalidad pasada la próxima semana, justo cuando se haya cumplido la cuarentena sanitaria decretada por un Gobierno Nacional, que entre otras cosas ha sabido leer la situación y estar presto a solucionar cualquier problema.

El coronavirus ha obligado al presidente, Iván Duque, a movilizar toda la capacidad del Estado, apoyándose en sus instituciones, sus fondos económicos, en los periodistas como formadores de opinión pública y en la academia analítica, que quienes hasta hace pocos meses encarnaban la oposición, empujen para el mismo lado como siempre debe ser y se conviertan en instrumentos democráticos en quienes confiar. Una sensación de nuevo nacionalismo forzado, producto de las fronteras cerradas y las cadenas de suministro mundiales interrumpidas.

La actual coyuntura es una prueba de fuego para los líderes políticos, empresariales, académicos e intelectuales que han copiado las tesis de Yuval Harari, quien ha pedido cooperación internacional y solidaridad al interior de los países para salir bien librados, con daños menores de una situación inédita en la historia reciente de la humanidad.

Hay una nueva energía política que estaba ausente en la pasada normalidad y que ahora está basada en la disminución de las tensiones y conflictos muy reales en la sociedad colombiana; todo se ha quedado suspendido durante la crisis, aunque nadie sabe qué realidad o “nueva normalidad” estará esperando al otro lado de la cuarentena. Es un hecho que la tecnología basada en los celulares inteligentes va a jugar un papel fundamental a la hora de decidir cómo se reactivará de nuevo la economía al dejar que las personas vuelvan al trabajo.

Ahora, se debe introducir un seguimiento individual con aplicaciones que garanticen que las personas no son portadores del letal virus; esta es sólo una fórmula o una receta que hay que seguir para avanzar. No es un simple regreso a la vida cotidiana de antes, lo que se ve en el horizonte es que para poder simular la vieja realidad hay que aceptar nuevos códigos sociales y que la tecnología será el cordón umbilical de la Colombia pos Covid-19.

Todas las sociedades sometidas a unas cuarentenas, unas más férreas que otras, tienen sus límites marcados por al economía, pues de algo se debe vivir, en algo se debe trabajar y algunas metas, planes y propósitos deben tener las personas. Ese gen de moverse y socializar obligarán a los estados a soltar amarras y dejar fluir para ir construyendo una normalidad distinta.

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