viernes, 3 de julio de 2020

No hay manera de pasar la pandemia global sin consecuencia económica alguna, la idea debe ser cómo salir lo más pronto de la caótica situación dado que la causa está identificada

EditorialLR

Es un hecho que los pasados meses de abril y mayo han sido los peores de la historia reciente del país, no solo en el aspecto económico sino social, pues las muertes y contagios generadas por el covid-19 no tienen comparación desde que Colombia existe como país, poco más de dos siglos.

La destrucción de puestos de trabajo es evidente y hay unos cinco millones de colombianos sin labor formal sobreviviendo con las ayudas gubernamentales y en el peligroso mundo del rebusque callejero. Las cifras de desempleo tienen el rostro de los llamados inactivos, esas personas que están en una suerte de stand by porque la cuarentena no les permite salir a buscar labor, ni mucho menos hay ofertas laborales en una economía peligrosamente parada.

El otro gran problema, es el fiscal que tiene su espacio en lo macroeconómico. Las arcas del Gobierno Nacional se están agotando y se ha decidido acudir al camino del endeudamiento externo para enfrentar la situación, pues las obligaciones de inversión social, más los gastos permanentes del Estado, no dejan dinero sobrante para sobrellevar los estragos del coronavirus. Si bien las personas del común no perciben que no hay dinero para hacer inversión social ni dar subsidios, sí es una situación que amenaza con convertirse en el gran problema para la próxima década, tiempo en el que se deberá destinar más de 40% del presupuesto al servicio de la deuda externa.

Pero los problemas del futuro serán atendidos en su momento, por ahora hay que tratar de tocar fondo para empezar a reconstruir el tejido empresarial y generar los empleos destruidos este año, trabajo que no será fácil sino hay un contexto favorable para hacerlo, como son los mayores incentivos para emprendedores y empresarios tradicionales, de tal manera que le vuelvan a apostar al país con sus planes de expansión de cara al mercado interno y externo. Es función del Gobierno en este momento dar ese nuevo marco, pues las cosas tendrán que cambiar.

Se empieza a ver una luz al final del túnel con el escalonado regreso a la normalidad comercial, con los precios del petróleo por encima de los US$40 el barril, con la venta de vehículos que ha crecido 30% y la inminente reactivación del transporte aéreo, que es vital para que toda la economía vuelva a reactivarse de manera integral, pues Colombia es un país de regiones solo interconectadas comercialmente por líneas aéreas.

No podemos olvidar que desde Bogotá van y vuelven más de un centenar de aviones a ciudades como Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga; una muestra fehaciente que hay una comunidad de negocios que pronto empezará a moverse de nuevo. Y una vez que se regrese a una nueva normalidad signada por el coronavirus, la seguridad total o integral estará en manos de las personas, no se le puede seguir echando la culpa a los alcaldes, gobernadores o al Gobierno Nacional que hizo la tarea de sensibilizar y brindar de la infraestructura adecuada a las clínicas y hospitales.

Antes de que la cuarentena llegue a su final oficial el próximo 15 de julio, el país ya habrá tocado fondo y las cifras de reactivación empezarán a verse en todos los sectores, y solo en ese momento podremos decir que en los pasados meses de abril y mayo se tocó fondo en términos económicos, así el panorama sanitario hable de otras cosas. Hay que empezar ya a empujar la economía.

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