lunes, 13 de abril de 2020

Desde la Segunda Guerra Mundial el dinero público no brotaba en pos de una franca recuperación de la economía, ningún país está al margen de las acciones de sus gobiernos

EditorialLR


La última vez que los gobiernos del mundo se reunieron para tratar un asunto parecido a la crisis generada por la pandemia del Covid-19 fue el 12 de julio de 1947, cuando los países europeos pertenecientes a la Organización Europea para la Cooperación Económica, precursora de la Ocde, juntaron US$13.000 millones de la época para ejecutar un plan de reconstrucción del Viejo Continente, devastado por la Segunda Guerra Mundial.

A la estrategia se le llamó Plan Marshall, técnicamente conocido como European Recovery Program, promovido por Estados Unidos para ayudar a Europa Occidental. Solo duró cuatro años y su nombre se originó por el estratega militar George Marshall, quien lideró un comité estadounidense que buscaba la recuperación de Europa en la posguerra, trabajo por el cual recibiría el Premio Nobel de la Paz en 1953. Desde entonces, el mundo nunca había experimentado una situación de crisis global sin fronteras como la actual.

Al igual que durante el Plan Marshall, los objetivos globales de reconstruir sistemas sanitarios de los países afectados, modernizar la industria clínica, farmacéutica y hospitalaria, además de desarrollar vacunas universales, debe haber un “Plan Marshall” para construir un sistema sanitario global sin fronteras, pues el virus ha demostrado que no tiene barreras políticas, geográficas, religiosas o militares. El mundo entero está asistiendo a un enemigo de marca mayor nunca antes enfrentado y que ha puesto en jaque a las economías de todos los tamaños.

El mundo poscoronavirus debe disminuir las barreras de transferencias sanitarias que protejan las personas, una menor regulación de los negocios en esto sectores, aumento de la productividad en la salud y sobre todo llevar al sector salud a la cuarta revolución industrial, pues está demostrado que gran parte del éxito contra el Covid-19 se debe a la utilización de las redes sociales, la inteligencia artificial y el Big Data por parte de los países asiáticos.

Para avanzar en ese sentido, los distintos gobiernos están demostrando su intensión económica y no han sido inferiores a poner el dinero (según sus capacidades) para salir del problema, anticiparse a crisis venideras y a no dejar que la economía se caiga y la recesión afecte más gente que el mismo Covid. Estados Unidos le ha inyectado a su economía, US$2 billones; México, US$151.000 millones; Brasil, US$130.000 millones; Perú, US$26.400 millones; Chile, US$11.500 millones; Colombia, US$3.600 millones; Argentina, US$1.500 millones; y Ecuador, US$1.400 millones. Si revisamos las cifras europeas: Alemania ha invertido US$160.000 millones; Reino Unido, US$81.200 millones; Francia, US$48.600 millones; Italia, US$27.000 millones; y España, US$18.300 millones, pero todos estos desembolsos son geográficos, políticos, gubernamentales, no hay correlación entre países.

En pocas palabras, hacen parte de ideas independientes como si el virus pudiera desvanecerse como amenaza de un país a otro. Es allí en que la banca multilateral y organizaciones como la Ocde deben tomar la iniciativa y refrendar que de este problema se sale si los gobiernos le meten dinero de manera individual, pero lo mejor sería si hay mecanismos globales de actuación. El mundo no va a ser el mismo después de esta crisis y parar la economía solo es un paso necesario para sobrellevar una nueva epidemia como la del coronavirus.

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