viernes, 12 de junio de 2020

Es un imperativo que las autoridades se pongan de acuerdo sobre el inicio de operaciones de los aeropuertos y las aerolíneas, esa debe ser la actividad que marca la nueva normalidad

EditorialLR

Colombia es un país de una geografía compleja, demarcado por tres cordilleras de las que se resbalan desde sus piedemontes las principales ciudades y motores de la economía. Hasta ahora, nunca se ha trabajado en un sistema de transporte de carga multimodal entre los puertos y las ciudades del interior para abastecer eficientemente los mercados internos; todavía es cierta la vieja anécdota que afirma que mover un contenedor desde cualquier puerto en la cuenca del Pacífico al país cuesta la mismo que transportarlo por carretera desde Buenaventura hasta Bogotá o Medellín. Nunca se pudieron revivir los ferrocarriles como una alternativa para movilizar carga o pasajeros en modernos trenes de alta velocidad y los gobiernos de turno se atienen a ver pasar sus días sin elaborar un plan estratégico que incruste al país en los mercados globales, despreciando el activo más valioso que es tener costas en los dos principales océanos.

Por todos esos problemas crónicos y sin solución a la vista, Colombia se ha desarrollado como un mercado importante para las aerolíneas regionales; es el único país en América Latina en donde compiten con amplia libertad de empresa Latam, Avianca y Copa, multinacionales a las que les quitan pedazos de mercado otras más empresas más pequeñas como Satena, EasyFly y Viva Air. Entre pasajeros nacionales e internacionales se movieron en enero pasado 3,6 millones de usuarios; en febrero 3,2 millones, en marzo 1,9 millones y en abril solo 9.652; claramente, la cuarentena y el cierre de los aeropuertos y la prohibición de viajar han hecho que las empresas aéreas pasen por el peor momento de la historia, al punto que los principales jugadores del mercado local entraron en el Capítulo 11 de Estados Unidos para rehacer sus cuentas y trazar una hoja de ruta para su futuro; situación que pone en entredicho el futuro de Avianca y Latam y que siembra incertidumbre sobre lo que vendrá para los usuarios aéreos desde el próximo mes. Colombia es un buen mercado aéreo: solo en los primeros cuatro meses del año se movilizaron 5,87 millones y 8,8 millones si se suman los internacionales, una dinámica que es mucho más grande que varios países. Pero la pandemia ha sido terrible, Iata calcula pérdidas por US$2.200 millones en el sector en Colombia y la desaparición de 32.000 empleos. En la región se prevén perdidas por US$4.000 millones, un marco económico muy malo que solo se empezará a arreglar cuando las empresas se hagan más pequeñas y otros inversionistas hayan invertido en el negocio, que dicho sea de paso, sigue siendo muy bueno, pero no en las circunstancias actuales.

Una cosa es la situación de las aerolíneas y otra muy distinta es el rumbo de la economía, pero van de la mano si se mira desde la reactivación; no se puede pensar en hacer andar la economía de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena o Bucaramanga, sin que los aeropuertos estén abiertos y las aerolíneas volando. Los protocolos están inventados y ellos, más que nadie, saben manejar esa situación, el punto es que los gobernantes de turno se comuniquen entre ellos y valoren la importancia de reactivar los vuelos de pasajeros dándole paso a la nueva normalidad, que obviamente, será de aviones casi vacíos, terminales solitarias y mucha precaución entre las personas por su cuidado, pues no pueden olvidar que el covid-19 viaja en aviones.

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