jueves, 14 de enero de 2021

En La trama de las ansiadas vacunas, las empresas multinacionales le están poniendo las condiciones a los gobiernos, que en la vacunación todavía son convidados de piedra

EditorialLR

Poco a poco el tema de las vacunas se empieza a politizar en Colombia, a menos de un año y medio de las elecciones presidenciales y del segundo año de los mandatarios locales y regionales. El Ministerio de Salud se equivocó al sacar del camino a los empresarios y expertos privados en las negociaciones con multinacionales farmacéuticas, operaciones complejas e inéditas para las cualquier gobierno, quienes no estaban preparado para enfrentar este problema, mucho menos los funcionarios de esa cartera. Las consecuencias no se han hecho esperar, la primera es la lentitud de la propia negociación, las fallas en las comunicaciones, la tardanza de las pruebas piloto, el misterio de los precios y el anonimato de las condiciones pactadas con dichas farmacéuticas, que no solo están salvando el mundo de la pandemia, sino haciendo el negocio de sus vidas. Tanto el banquero, Gabriel Jaramillo, asesor privado reclutado por el Gobierno y el ex gerente del plan contra el covid-19, Luis Guillermo Plata, no volvieron a aparecer para hacer un balance o contar cómo les fue en sus gestiones, ni mucho menos cómo se hicieron los tratos a la luz pública y en qué condiciones el país logrará avanzar en la esperada vacunación. Quizá hubo una zona gris en esa gestión y esa sea la causa de la tardanza en vacunación colombiana, pues un país como el nuestro de 50 millones de personas, no ha avanzado ni siquiera se han hecho pruebas ni se ha logrado vacunar el uno por ciento como en los pares de la Alianza del Pacífico, una ardua tarea que debe comenzar cuanto antes.

El Presidente ha sido conciliador en un silencioso enfrentamiento entre actores públicos y privados en el tema de la compra de vacunas y la posterior vacunación, pero ahora le sale otro frente de problema y es la estrategia de los tres alcaldes principales de Cali, Medellín y Bogotá que empiezan a pedir pista para comprar las vacunas para sus ciudadanos, una jugada que pretende cobrarle al Ministerio de Salud la evidente sobreactuación en la compra y en el plan de vacunación, aún en veremos. Las secretarias de salud de los distintos municipios y gobernaciones serán actores de primer orden en el plan de vacunación en plena época electoral y para nadie es un secreto que éstos funcionarios son puestos por senadores o representantes que entrarán pronto en campaña para volver al Congreso. Lo mismo se puede decir de la cartera del ramo, a la que le ha tocado manejar la pandemia desde la llegada en febrero del ministro Fernando Ruiz, quien tuvo que echar mano de viejos funcionarios para avanzar en semejante situación. No podemos desconocer que el tema de la pandemia y la posterior compra de vacunas y vacunación se va a politizar sin remedio y que habrá dinero a montones que tiene expectantes a los políticos y contratistas tradicionales.

Lo primero que hay que hacer es dejar jugar al sector productivo y que sea el libre mercado el que organice las cosas; no pueden haber monopolios ni exclusividad de los funcionarios para decidir quién vacuna a quién, ni cuándo ni dónde. Las Empresas Promotoras de Salud, las empresas de medicina prepagada y todos los emprendedores del sector deben ser los protagonistas, pues son ellos los que saben del tema, tal como fueron las farmacéuticas las lograron las vacunas con alta efectividad en los países desarrollados.