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EDITORIAL Hace daño la prematura campaña presidencial
lunes, 4 de abril de 2016
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La diversidad de marchas destapa la inexistencia de un Congreso de la República en donde se libren las discusiones que Colombia necesita

Exceptuando el corto periodo dictatorial a finales de los años 50, este país es un ejemplo de democracia en el continente, las elecciones generales han sido la práctica social más usada para renovar a los gobernantes de manera civilizada mediante un proceso civil en las urnas. Así exista guerrilla y reverdezca el paramilitarismo en forma de clanes como los ‘Úsuga’ o ‘Urabeños’, se puede sacar pecho de que el sistema político menos malo (la democracia) hace funcionar a Colombia. Pero todo tiene sus desventajas y en este caso tiene que ver con lo prematuro de los debates. No es un secreto decir que las marchas convocadas por uno de los partidos opositores al Gobierno Nacional, el Centro Democrático, es un acto valioso que tiene como telón de fondo el arranque de las elecciones presidenciales para el periodo 2018-2022, pues a la administración Santos solo le quedan en la Casa de Nariño 28 meses.

La multitudinaria marcha de Medellín, particularmente, solo tiene sentido si detrás de los miles de personas que protestaron por la gestión presidencial, hay una propuesta política estructurada que amerite ser llevada a la contienda electoral venidera. Lo mismo aplica para los plantones que convoca frecuentemente en Bogotá el partido Progresista o las protestas que cada semana coordina la llamada Marcha Democrática. Todas son expresiones necesarias y válidas con las que se puede construir una Colombia mucho más pluralista que la otrora del Frente Nacional donde se repartieron al país entre solo un par de partidos políticos antagonistas.

Lo malo de todo esto son las consecuencias de lo prematuro del debate por la carrera presidencial, situación que destapa la inexistencia de un Congreso de la República en donde se libren las discusiones que Colombia necesita. El país pareciera clamar: sino hay debate en el Legislativo, hay que darlo en las calles. La situación se complica o eleva el grado de dificultad, cuando nos damos cuenta que la carencia de una agenda de temas de interés nacional, que a todos nos involucre, hace que los acertados diálogos de paz abiertos con los grupos guerrilleros, desde este Gobierno, sea un asunto de partido y un anhelo de país. ¿Qué va a pasar si todo sigue con la crispación política y una prematura campaña presidencial? Muy sencillo, nuevamente las Farc y el ELN van a ser los temas primordiales de campaña por la Presidencia y la postura pacifista o guerrerista que tengan los candidatos para solucionar esos males opacarán las ideas de desarrollo y bienestar que necesitan las nuevas generaciones.

Hace mucho daño que los partidos -en una innegable vocación presidencial- presionen con sus actos públicos una prematura campaña por la Casa de Nariño, a año y medio de que esta administración termine con su tarea, donde no debe descuidar asuntos como las reformas pensionales y tributarias.

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