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El primer mes del presidente Abelardo
Un adagio popular dicta que al desayuno se sabe lo que será el almuerzo, 30 días no es tiempo suficiente para evaluar una gestión, pero sí hay una certeza de que hay un cambio de actitud
En solo 30 días el país percibe un aire generalizado de optimismo y de clara disminución de la incertidumbre económica; la inflación de los últimos 60 días ha recuperado su tendencia a la baja, la tasa de usura -certificada por la Superfinanciera- y la estabilidad en la tasa de intervención del Banco de la República marcan un camino a seguir; elementos fundamentales para la confianza en el consumo de las personas y la esperanza de los 20 millones de familias de que las cosas mejorarán al remate de este 2026, y por qué no, considerar la consolidación para el año que viene.

La caída estrepitosa del dólar, que tenía muy preocupados a los exportadores, también se ha morigerado, muy a pesar de que ese leve repunte del dólar, en torno a los $3.150, sea por obra y gracia de la compra de divisas por parte del Emisor. Entre el 7 de agosto y el 7 de septiembre, también se percibió en toda su magnitud la gran solidaridad de los colombianos como consecuencia del terremoto que afectó a cuatro capitales: Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, además de varios municipios en seis departamentos. El lamentable terremoto hizo posible un encuentro entre el gobierno nacional y el sector productivo, además de que convocó a los países vecinos y la banca multilateral en función de la recuperación de una buena parte de Colombia que le aporta casi 25% del PIB.
El terremoto le sirvió a la administración De la Espriella para demostrar de qué madera están hechos sus funcionarios y la capacidad de compromiso con la gestión pública que se avecina; por ahora, la reconstrucción ha comenzado y puede convertirse en un factor de reactivación económica, situación que se sumará a la aceleración del sector de la construcción y al comienzo definitivo de grandes obras de infraestructura. De la Espriella y sus ministros de la rama económica fueron determinantes en la presentación de un presupuesto general de la Nación de más de US$200.000 millones, una cifra histórica pero que enfrenta la realidad de los ingresos y los gastos de viejas administraciones.
La última reforma tributaria que se aprobó en Colombia fue en agosto de 2022; este gobierno debe considerar una verdadera reforma estructural que no ponga a tributar a los mismos de siempre, a las empresas y a los empleados formales, sino que ataque de frente a los evasores de impuestos, reactive el valor de las regalías y equilibre el aporte de los informales al consolidado nacional de contribuciones. Y si a estos buenos aires se suma que hay golpes contundentes en todos los rincones del país contra la delincuencia, es muy claro que se está caminando por una vía segura a un país mejor.
El viejo término de luna de miel con los nuevos gobernantes es obsoleto; la nueva administración camina con paso decidido a consolidar una nueva manera de hacer las cosas; el Presidente ha estado presente en muchos departamentos, al tiempo que le ha puesto la cara a los problemas que no han sido pocos en estos primeros 30 días. Si los partidos políticos entienden que la política transaccional, que alimenta la corrupción, no es una manera de gobernar, seguramente se montarán al tren de cambios que se empiezan a ver.
Los empresarios y los políticos observan con el retrovisor y comparan con administraciones pasadas, eso es apenas lógico, y lo que le corresponde a los medios es comunicar las cosas de manera notarial para que los colombianos saquen sus propias conclusiones.
No es sino revisar la historia económica para precisar que solo cuando petróleo, gas y minas crecen, el PIB se dispara, hay más regalías, empleo de calidad y se reduce la minería ilegal
La máxima expresión de la tramitología colombiana se encuentra en las licencias ambientales y en las consultas previas a las comunidades cuando se pretende hacer obras