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EDITORIAL El ejemplo de las empresas que perduran
sábado, 30 de agosto de 2014
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El caso empresarial de Ramo vale la pena retomarlo en la casuística administrativa que tanta cátedra puede dar

El país está lleno de ejemplos de empresarios que han logrado desarrollar compañías que han permanecido en el tiempo siendo exitosas, enfrentando la dura competencia de otras firmas nacionales y un buen número de transnacionales que llegan al país. De cualquier manera, la globalización de la economía tiene como una de sus características que el capital no tiene fronteras y va comprando y vendiendo empresas, en particular en los países emergentes. Las ofertas que reciben los empresarios locales resultan atractivas y en no pocas oportunidades difíciles de dejar pasar. Finalmente es el pragmatismo empresarial que se pone por encima del sentimiento y las emociones.

Esos casos de empresas y empresarios que han hecho esfuerzos muy grandes por mantenerse hay que exaltarlos y ponerlos de ejemplo a las nuevas generaciones que son impacientes y quieren hacerse ricas en un plazo muy corto. Sin duda la entrada de dineros ilícitos a nuestra corriente económica ayudó a estimular ese facilismo. La propensión y acento de esa tendencia es ayudada por el pragmatismo del consumidor global a quién ya le importa poco si el producto es nacional o extranjero, pese a que no se debe olvidar ese prurito extendido de que una marca extranjera genera un mayor ascenso en la escala social.

Todo lo anterior para destacar un nombre en una coyuntura especial. Alguien que merece el reconocimiento nacional porque decidió abiertamente y sin temor enfrentar un mundo poderoso en la industria de alimento procesados: Rafael Molano con su empresa Ramo, que lleva en el mercado más de 60 años. Don Rafael falleció a los 90 años, pero una de sus frases guiará a sus herederos: “seguiré tomando decisiones en mi compañía hasta mi muerte y durante los nueve días siguientes”. ¿Por qué don Rafael logró mantener arriba a su empresa? Los expertos lo explicarán y harán de él un caso de éxito que será estudiado en los salones de clase de las universidades y hablarán de la innovación, el emprendimiento y del super-mercadeo como variables determinantes del proceso, pero hay cosas más elementales que merecen destacarse.

Todas las noches Molano hacía el balance: ingresos versus gastos. Antes que la misma acción, hay que destacar que era su forma de controlar la operación de la empresa, principio básico de los negocios. Cuando arrancó la compañía, se rodeó de los mejores expertos en el tema y armó un equipo que lo acompañó durante muchos años. Hoy no es otra cosa lo que hacen las buenas empresas: promover el talento humano. El fundador de Ramo siempre creyó que la empresa era una familia, no solo de su propia sangre sino de sus trabajadores, al punto que tuvo como práctica que los hijos heredaran el trabajo de su padre cuando este se retiraba de la empresa. Es lo que pregona Porter y que don Rafael lo arrancó hace años.

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