sábado, 26 de septiembre de 2020

Es histórico: la tasa de interés del Banco de la República al sistema financiero está en 1,75%, un costo nunca visto en Colombia, al tiempo que el costo de vida anualizado no supera 2%

EditorialLR

El Banco de la República es una de las pocas instituciones con alta credibilidad en el país y así se debe mantener por siempre, pues es garantía de ortodoxia económica y de independencia del Gobierno Nacional y de los partidos políticos, así sus codirectores sean nombrados directamente por el Presidente. Desde que la Constitución de 1991 lo elevó a una entidad independiente, las cosas han ido mejorando para la economía, al punto de que la alta inflación es casi cosa del pasado y ese mandato de mantener el poder adquisitivo del peso se ha conseguido por varias décadas; no se puede decir lo mismo cuando de devaluación se trata, pues el peso colombiano es exageradamente devaluado frente al dólar para beneficiar deliberadamente a las exportaciones de materias primas, pero ese es otro tema y es uno de los lunares del emisor colombiano, lo mismo que no haber sido capaz de quitarle los tres ceros al peso para tener un manejo del metálico más moderno. En cuanto al manejo de las tasas de intervención en el mercado interno, las cosas van muy bien a la luz de las mismas acciones de sus homólogos internacionales; el dinero en Colombia está en su nivel más bajo, 1,75%, una cifra impensable hasta hace unos años cuando la variación de precios al consumidor estaba en dos dígitos. La política monetaria ha sido muy ortodoxa con alta dosis de asertividad; en Estados Unidos esa misma tasa del emisor está en cero, al igual que en Europa y varios de los países asiáticos. Hay una clara intención de irrigar la economía con dinero barato que reciben las instituciones financieras, quienes algunas veces lo transmiten a los cuentahabientes, pero otras veces se endeudan y lo invierten en valores muy rentables, como los TES. La tarea que tiene el Ministerio de Hacienda, que preside la junta del Emisor a través el Ministro, es trabajar con el sistema financiero para garantizar mayor traslado del dinero barato que reciben de la banca central. El problema es que ese liderazgo e influencia no se da y es el mercado el que sigue dictando las condiciones crediticias.

¿De qué vale que el Banco de la República reduzca de manera histórica las tasas de interés si esta acción no se traslada a los cuentahabientes? Si esta pregunta no la responde el Ministerio de Hacienda, es más complicado que lo haga el sistema financiero porque los bancos y demás entidades de crédito tienen más restricciones de otras fuentes de control y vigilancia que evitan inflar una peligrosa burbuja de deudas que arruinen la economía. Puede ser un círculo vicioso en el que corren la inflación, el dinero barato y las deudas de los consumidores, pero es en esa rutina en donde deben actuar las autoridades para que verdaderamente el dinero sirva para reactivar la economía, no solo para fortalecer la salud de la banca, que también es muy importante. Hay varios problemas en la ecuación del dinero barato del Emisor; una de ellas es la tasa de usura certificada por la Superintendencia Financiera en 27,53% para septiembre, una cifra enorme a la cual se pegan todas las tarjetas de crédito; incluso aumentó 9 puntos básicos, comparado con la tasa fijada para agosto, que fue de 27,44%. El microcrédito está en 37,76%, subió 121 puntos básicos; un crédito ordinario alcanza 12,83% y un crédito para hogares No VIS es de 11,42%; grosso modo todo cambia para que nada cambie.

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