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EDITORIAL El crecimiento de importaciones es un asunto clave
martes, 18 de febrero de 2020

Las importaciones durante el año pasado fueron de US$52.702 millones, un crecimiento de 2,9% frente al mismo periodo de 2018, una cifra que enciende alarmas por el déficit comercial

Editorial


Se conocieron las cifras oficiales de los productos y servicios importados por los colombianos durante el año pasado; la situación debe empezar a preocupar pues la cifra ya asciende a US$52.702 millones anuales, lo que representa un crecimiento de 2,9%, uno de los más altos de la historia reciente y que obliga a las autoridades a analizar o desmenuzar mejor los datos.

No es lo mismo comprar en el exterior bienes de capital o equipos duraderos destinados a la producción de productos o servicios locales, que importar mercancía final que compran las personas de manera directa. Si las empresas importaron maquinaria, por ejemplo para procesar frutas, sería una buena noticia, pero si esas compras en otros países tienen que ver con traer frutas, verduras, carnes o comestibles sin elaboración alguna, la situación deben empezar a preocupar y no sería nada raro empezar a a hablar de políticas de sustitución de importaciones.

Está claro que hay un evidente aumento en el déficit de la balanza en 2019 y mucho tiene que ver con los bienes de capital para el sector energético, petróleo y minería que se reactivó a finales del año, no obstante está creciendo la participación en la canasta familiar de productos importados, incluso de algunos que antes eran producidos en regiones locales, es el caso de los ajos y las lentejas en el que todo se produce por fuera, solo para citar un par ejemplos.

Las importaciones de manufacturas durante todo el año pasado fueron de US$40.270 millones con un aumento de 1%; se registraron mayores compras de maquinaria y equipo de transporte en 4,2%. Vale la pena anotar que las compras en el exterior de combustibles aún pesan mucho en la balanza, aunque es un renglón que ha venido cayendo en los últimos años. En lo que tiene que ver con la balanza comercial fue deficitaria en US$10.769 millones, durante 2018 la cifra fue muy inferior al alcanzar solo US$7.039,9 millones. Esta es una de las situaciones macroeconómicas que más empieza a preocupar.

No es malo importar bienes, materias primas, distintos productos y servicios a nuestra economía si estos son destinados a transformarse o producir más localmente para generar nuevas exportaciones, pero si son “puros y duros bienes de consumo al comprador final”, las cosas deberían preocupar. El caso más cercano al que nunca queremos parecernos es Venezuela que antes de la destrucción del modelo económico de libre mercado y vigoroso sector privado, por parte de los socialistas hoy en el gobierno, el país era un importador neto de productos colombianos, entre otros; al destruir su tejido empresarial no solo se quedó sin dinero para pagar sus millonarias importaciones hasta de los productos más básicos, sino que no alcanzó a sustituir las compras en el exterior por producción locales, no solo porque no tenía con qué comprar materias primas, sino porque todos los sectores primarios vivían una auténtica enfermedad holandesa que ayudó a desarrollar una economía dependiente del petróleo, de donde no solo obtenían los dólares necesarios para sus compras externas, sino para pagar los millonarios subsidios con los que todo su sistema productivo se volvió raquítico.

El asunto de las importaciones hay que verlo con varios filtros que sirven para poder focalizar mejor las políticas públicas.

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