viernes, 9 de octubre de 2020

El Banco Mundial cree que la pobreza extrema afectará a más de 115 millones de personas, 9% de la población mundial, una sentencia que debe ser derrotada por los gobiernos

EditorialLR

Por estos días de frenesí político en la lucha de la Casa Blanca se escucha que mientras el presidente Trump es el más idóneo para manejar la economía de su país, Biden es más apropiado para enfrentar los estragos que dejará el covid-19; dos de los temas sobre los que gravita la contienda electoral por la Presidencia de Estados Unidos: economía y coronavirus.

No se deberían diferenciar las cosas entre salud y economía porque las dos están muy ligadas y una puede ser consecuencia de la otra en un eterno círculo vicioso que no puede ser roto de la noche a la mañana; solo hay buena salud si la economía marcha bien, y la economía marcha bien si se goza de buena salud. Al mezclar los dos frentes temáticos surge ineludiblemente la pobreza como un estado de bienestar en la sociedad.

Y ha dicho el Banco Mundial en su “Informe sobre pobreza y prosperidad compartida” que la tasa de pobreza extrema llegaría a los niveles de 2017, afectando entre 9,1% y 9,4% de la población global. Dice la banca multilateral que al cierre de 2020 entre 88 millones y 115 millones de personas vivirán en pobreza extrema, cifra que alcanzaría 150 millones de personas para 2021. El Banco determina que una persona se encuentra en esta condición cuando gana menos de US$1,9 al día.

Para este año que termina se espera en Colombia que la pobreza aumente de 26,9% a 38%; al tiempo que la pobreza extrema pasará de 7,4% a 11,3%; no sobra recordar que la línea de pobreza extrema, que es lo mismo que indigencia, está dada por ingresos mensuales menores a $117.605 y la pobreza monetaria está en $257.433 de ingresos mensuales, cifras muy bajas si se comparan con los países de la Ocde. Todos estos números deberán revisarse al alza dado que el verdadero impacto de la pandemia aún no se ha medido, máxime cuando la situación anómala no se ha terminado y se esperan eventuales rebrotes que pueden retardar la llegada de la recuperación prevista para el último trimestre.

El país venía trabajando bien la disminución de la pobreza no solo en campañas, sino al cambiar los filtros de análisis y pasar de la polémica pobreza monetaria a la multidimensional que tiene que ver más con la precariedad de los servicios y bienes públicos y no tanto con el ingreso, es decir que se le pone más papel a los gobiernos que a las mismas personas. En todo el mundo, el covid-19 cambió el panorama para los gobiernos, antes de la pandemia se esperaba una tasa de pobreza extrema de 7,9%, y una erradicación completa para 2030, pero ahora el impacto del covid-19 y la recesión podrían llevar a que otro 1,4% de la población caiga en esta condición y extienda en el tiempo la guerra contra la pobreza.

El informe del Banco Mundial señala que la población que ya era pobre ha sido la más afectada, además de sufrir una reducción considerable en sus ingresos, lo que ocasionará que personas que se encontraban en el límite ahora caigan en la pobreza extrema.

Una sentencia contra la que deben trabajar los gobiernos, pues hay ideas políticas populistas -especialmente en América Latina- que solo florecen en condiciones de pobreza extrema. Los países deben prepararse para una economía distinta en la que la erradicación de la pobreza solo llegará permitiendo que el capital, la mano de obra, el personal especializado y la innovación se trasladen a nuevos sectores y empresas.

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