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El 3 de febrero será un día más que crucial
A lo largo de la historia, siempre el encuentro del presidente colombiano con su homólogo estadounidense es de suma importancia para el país, mucho más por estos días de agitación
Las relaciones de Estados Unidos con Colombia vienen desde que este territorio era la Nueva Granada, es decir hace 204 años. Mucho del espíritu de la independencia de Colombia fue tomado de los padres fundadores de Estados Unidos, incluso acá se juntaron unos intelectuales, feudales, académicos, científicos y políticos, y emularon ser como Washington, Jefferson, Adams o Franklin.
Nos referimos a Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Antonio Nariño o Jorge Tadeo Lozano, entre otros ilustrados de la época que -a diferencia de los americanos- todos murieron antes de que pudieran gobernar o pusieran sus ideas independentistas en práctica. Los padres fundadores de Estados Unidos si lograron gobernar, llevar a buen puerto su proyecto, mientras que esos impulsores de la independencia colombiana murieron, casi todos, fusilados.
Un episodio que siempre se olvida es que William Henry Harrison fue ministro plenipotenciario para la Gran Colombia en mayo de 1828 y le pidió al presidente de entonces, Simón Bolívar, adoptar una democracia al estilo estadounidense. Luego se convertiría en el presidente número 9 de Estados Unidos. Son unas relaciones muy fuertes que comenzaron en junio de 1822, cuando el presidente, James Monroe, le dió credenciales como embajador a a Manuel de Trujillo y Torres, considerado como el primer embajador colombiano en Washington.
El siglo XX llegó más turbio para las relaciones colombo-estadounidenses, la pérdida de la rica provincia de Panamá enrareció las relaciones, episodio que cogió a Colombia muy débil tras la lenta recuperación de la Guerra de los Mil Días. Las causas y consecuencias de la Primera y la Segunda Guerra Mundial encausaron de nuevo las relaciones binacionales que se han mantenido casi sin alteraciones, hasta este periodo presidencial de Petro en las que se enrarecieron sin mayores traumatismos, claro está, más claras luego de la captura de Nicolás Maduro, a comienzos de este año.
Ahora, Trump y Petro se van a reunir en Washington la próxima semana para limar asperezas políticas y económicas; Estados Unidos sigue siendo el primer socio comercial de Colombia y uno de los mayores soportes de la guerra contra el narcotráfico, que dicho sea de paso, es la primera vez en la historia que el motor de la economía mundial toma la guerra contra las drogas de frente, con ataques certeros muy cerca de las costas colombianas.
Siempre las reuniones de presidentes son importantes, pero esta entre dos polos opuestos será crucial para Colombia y la región, pues como van las cosas, Petro y Lula son los dos únicos mandatarios militantes de izquierda que están en el poder en Suramérica, y aún hay Trump para rato dando línea de lo que puede ser el nuevo marco geopolítico que poco a poco se empieza a dibujar, luego de que el poder norteamericano actuara sobre Venezuela y dejara saber su interés por controlar Groenlandia y avanzar en diálogos de paz duradera con Rusia con Ucrania.
Son tiempos de cambio en una época de cambio en la que Colombia tendrá que alinear sus intereses de seguridad -contra el narcotráfico- y su fortalecimiento comercial, no se puede olvidar que el destino más importante de los productos colombianos sigue siendo Estados Unidos, que la mayor parte de las remesas llegan de allá y que ese país sigue atrayendo el grueso de los nacionales que deciden emigrar.
Todos los últimos gobiernos se han acostumbrado a hacer tributarias retrógradas y hasta expropiadoras, no han sido capaces de rediseñar los impuestos
La pataleta del joven presidente de Ecuador hace brillar la ausencia de los estados en el Pacífico colombo-ecuatoriano y aborda de manera inmadura el avance del narcotráfico