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Con el sol a las espaldas: los últimos 200 días
A este Gobierno Nacional -el primero de izquierda en la historia colombiana- solo le quedan 200 días en la Casa de Nariño, tiempo suficiente para equilibrar las cargas
El presidente, Gustavo Petro, aún tiene muchos días por delante antes de hacer balances generales de su Gobierno, pero también para realizar un buen corte de cuentas. Hay que recordarle que le quedan menos de 200 días en la Casa de Nariño para empezar a redondear la tarea que le entregaron los colombianos hace cuatro años, cuando la mayoría de los electores votaron en democracia para que un líder de izquierda pura y dura llevara las riendas del país durante cuatro años, por primera vez en la historia.
El tiempo se acaba y quedan muchos pendientes estructurales, entre ellos arreglar el limbo en que dejará el sistema de salud, la incertidumbre en lo pensional y, lo más preocupante, el estado de las finanzas públicas, signadas por un elevado déficit fiscal que superará 7%, tan alto como el registrado en tiempos de la pandemia, cuando el mundo estuvo totalmente parado.

Si bien algunos fundamentales muestran buenos números, especialmente en lo que tiene que ver con el desempleo (7%) y la tasa de cambio ($3.700), se raja en el costo de vida (5%), el bajo crecimiento (2,7%) y una deuda externa que ya ronda 55% del PIB. Aunque el país social que afecta los negocios se ha visto roto y sin esperanza de mejora en el campo de la inseguridad, no se puede negar que, a 200 días de terminar el mandato, con el sol a sus espaldas, el primer Gobierno de izquierda ha dejado deteriorar el orden público.
En zonas donde había avanzado la presencia del Estado, ahora estas están capturadas por grupos residuales de narcotraficantes, atomizados luego del fallido proceso de paz con las extintas Farc. Muy poco se hizo en infraestructura. Las pocas obras que se ven a lo largo y ancho del país vienen de gobiernos anteriores.
Nunca hubo una buena interlocución con el sector productivo ni se lanzaron programas para ahondar el crecimiento de la economía, privilegiando, dicho sea de paso, al sector público y a la burocracia como motor de crecimiento. Uno de los mayores problemas, a 200 días de terminar su mandato, es la ejecución del presupuesto.
Los ministros, funcionarios y directivos nunca supieron hacer su trabajo y, además, hubo brotes de corrupción que signaron el destino de muchos funcionarios. Los datos que entrega mensualmente el Ministerio de Hacienda dan cuenta de que, hasta noviembre, la velocidad de ejecución del Presupuesto General de la Nación es de 74,2%, que si bien representa un alza de 6,1 puntos porcentuales frente a la ejecución de 2024, todavía se encuentra por debajo del promedio de este siglo, de 75%.
La ley de garantías de las dos elecciones venideras -la que escogerá a los nuevos congresistas en marzo próximo, más la de primera y segunda vuelta presidencial, entre mayo y junio- hará que esta ejecución sea la más baja de la historia. No es una cosa distinta a tener el dinero del presupuesto, pero carecer de iniciativa para poner en práctica y materializar las políticas públicas.
Se acaba el Gobierno en medio de una pugnacidad política muy alta y, realmente, esos 200 días pueden reducirse al mínimo. Por lo cual, es un imperativo que los ministros tengan más grandeza con el buen legado que aún pueden dejarle al país. El Gobierno nacional no puede concentrarse en preparar a la administración siguiente que recogerá sus banderas y continuará sus programas. Deben acelerar sus pocos proyectos, pues el país político puede castigarlos en las urnas.
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