viernes, 11 de octubre de 2013
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Al final de este 2013 y durante todo el próximo año, debe haber un especial cuidado por lo que sucede en el vecino país

La economía de Venezuela atraviesa por un momento difícil con el agravante que la situación no es consecuencia de una coyuntura particular sino de obstáculos estructurales ligados al modelo, lo cual hace más complicado las salidas que reviertan las tendencias declinantes. El tema ha sido muy debatido y la idea no es cuestionar el manejo interno, responsabilidad de su gobierno y autoridades.

Los últimos datos no dan para tener optimismo. De acuerdo con el FMI, el crecimiento del PIB estará por debajo de 1%, la tasa más baja de América Latina y la inflación cerrará en 38%, también muy lejos de un 6% a 7% promedio en la región, que de todas formas es alto en una economía global, muy distinta a la de hace algunas décadas cuando las barreras proteccionistas limitaban la estabilidad de precios. En los términos anteriores, tanto el gobierno colombiano como el sector privado no pueden ser indiferentes a lo que está pasando, sino que debe tener todas las alertas del caso no solo como mecanismos de protección sino para impedir que una agudización de los problemas golpee muy fuerte la estructura productiva nacional.

Aunque los niveles de comercio y exportaciones son muy inferiores a los registrados hace un lustro, las cifras no se pueden despreciar. Por ejemplo, de un total de exportaciones, US$39.000 millones en los primeros ocho meses, puede no parecer significativo que a Venezuela solo estén vendiéndose US$1.400 millones, menos de 5%. Sin embargo, se si excluye las ventas de petróleo y combustibles por US$26.000 millones, se comprueba que a Venezuela están llegando más de 10% de los productos no tradicionales que vende Colombia y que reportan un alto valor agregado en término de empleo en nuestro país.

Ciertamente el sector privado es quién hace los negocios en el exterior y que la racionalidad indica que se debe tener un gran cuidado en ese país por la escasez de divisas que enfrenta, al punto de no tener capacidad de pago solo para una semana, pero también es cierto que las crisis abren oportunidades que se pueden aprovechar. Sin duda que la acción del gobierno nacional es fundamental en este proceso y el sector privado debe saber que cuenta con ese respaldo y ese aval en temas como los mecanismos de pago por la contraparte, pues la experiencia del pasado no fue la más alentadora, pese a los esfuerzos oficiales.

No hay que engañarse. Venezuela ha sido, es y seguirá siendo muy importante para la economía colombiana y una debacle golpearía la frontera, como también lo haría un manejo irresponsable de las relaciones binacionales que produciría quiebras, no solo allá sino aquí. Las relaciones colombo-venezolanas pasan por un momento que requiere reflexión, pero también audacia en su manejo. Si se asume el riesgo con responsabilidad podría ser una gran oportunidad.

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