sábado, 26 de octubre de 2013
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Poco duró la dicha para los exportadores de ver el dólar por encima de los $1.900, la realidad es que la revaluación sigue

La revaluación en Colombia se resiste a las herramientas que el Banco de la República le aplica para mantenerla a raya, que en términos de resultados no es otra cosa que mantener una tasa representativa del mercado con un cambio de un dólar por peso por encima de los $1.900. A comienzo del septiembre pasado se alcanzó a cantar victoria, porque la TRM llegó en sus mejores jornadas a $1.960. La razón era que por esos días no se había posesionado la nueva directora de la Reserva Federal, Janet Yellen, y la incertidumbre por las políticas de la máxima autoridad monetaria de Estados Unidos era aún grande; nadie buscaba refugio para su dólares. Pasó el noveno mes del año, la incertidumbre se difuminó y llegó la disputa política por el techo de la deuda, que volvió a llenar el panorama de nubarrones y los inversionistas volvieron a buscar refugio para sus capitales. Y el dólar regresó a precios del primer semestre del año que ya llega a su final.

Y una labor que parecía haberse concluido por un tiempo resucitó, y será un tema para ponerle cuidado si el peso no pierde más valor frente a un dólar que abunda en la economía colombiana. La disculpa no puede ser que sigue llegando moneda estadounidense del frente de la creciente inversión en minería, un flujo que se ha mantenido estable, incluso en algunos meses con tendencia a la baja. Los más perjudicados por ese dólar rebelde de fin de año son los exportadores, quienes empiezan a ganar terreno en los recientemente abiertos tratados de libre comercio. Está claro que gran parte de la política pública de generación de empleo formal tiene que ver con esos acuerdos comerciales y el apoyo a las empresas exportadores con créditos blandos, salvaguardias en algunos productos y toda una estrategia para que se venda más en el exterior, de tal manera que se abran nuevas plazas de trabajo.

Un peso revaluado perjudica al tejido exportador, que ve ingresar menos pesos por cada dólar que vende en los mercados externos; se pierde competitividad y se aplazan proyectos de crecimiento empresarial. El Banco de la República es consciente de la situación, y con gran anticipación mantuvo la compra de US$30 millones diarios para evitar que el dólar caiga a menos de los $1.700, un precio que sería toda una tragedia para los exportadores. Así mismo, el Emisor dejó el viernes pasado las tasas de intervención en el sistema financiero inalteradas en 3,25% para que el acceso a los créditos se mantenga y las empresas enfocadas en los mercados externos le apuesten al crecimiento.

El Ministerio de Hacienda había planteado que una tasa de cambio en $1.900 sería ideal tanto para los importadores como para los exportadores, pero esa meta sigue rebelde. De momento, alerta amarilla.

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