jueves, 29 de mayo de 2014
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Con nueva postura del Centro democrático en favor de los diálogos, el tema del posconflicto empieza a ser imperativo.

El giro inesperado de respaldo a los diálogos de paz del candidato del Centro Democrático obliga a que el país entero empiece a hacer bien las cuentas de cómo va a financiar el posconflicto una vez se acabe con la guerra en una mesa, no en un campo de batalla, pues a la luz de las posturas de hoy, ambos candidatos que quieren llegar a la Casa de Nariño mantendrán los acuerdos y caminarán hacia la pacificación de Colombia, tras medio siglo de conflicto interno. De lejos, es una buena noticia para el país político y social y todo un reto para el económico. El presidente Juan Manuel Santos ya tiene montado un plan económico donde soporta el posconflicto y que ha defendido durante casi un lustro, ahora solo bastará esperar cuál es el modelo económico de Oscar Iván Zuluaga para financiar una Colombia en paz, producto de su respaldo a las conversaciones en La Habana.

Está claro que el 4x1.000, que debería acabarse el próximo año y que ha sido rechazado no solo por los ahorradores y banqueros, se va a mantener por varios años en tiempos de posconflicto. Es un impuesto de fácil recaudo que recoge una buena cantidad de recursos, que este año irá a los fondos de recuperación agropecuaria, pero que en adelante seguramente se destinará a la solidificación de la paz en las regiones más necesitadas de inversión social. A estas alturas de la campaña política, pensar de dónde se va a sacar el dinero para consolidar la paz en todas las regiones debe ser un imperativo. Primero hablamos del 4x1.000, pero sus recaudos no son tan altos para solucionar las demandas presupuestales que se pueden derivar de la paz. Habrá que hacer una reforma tributaria ‘exprés’ en donde el impuesto a la paz se vuelva permanente o que sea una transformación al tributo por la guerra. También debe haber una institucionalización de la responsabilidad social empresarial en donde el sector privado ayude en los procesos de desarrollo social en esas partes de Colombia que son los teatros de la guerra como Cauca, Nariño, Huila, Caquetá o Putumayo.

Ahora que vienen los debates entre solo dos candidatos y que ya hay un acuerdo sobre que la salida del conflicto es dialogando y pacífica y que las conversaciones de La Habana serán la cuota inicial de esas posturas, es absolutamente necesario que los candidatos hablen de cómo van a financiar la paz y qué va a pasar con el porcentaje del presupuesto nacional que se destina a la guerra. No es solo plantear que ‘ahora me gusta la paz’, se trata de demostrar que hay un plan económico para consolidar la paz y que este plan macro siempre viene con más y nuevos impuestos. La inversión social que construye la paz, no es gratuita, pero obvio es más rentable al futuro.