martes, 18 de octubre de 2016
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No podemos seguir pidiendo impuestos justos para todos, pero cuando hay una reforma en trámite nos opongamos sin razones.

 

Al fin tenemos una nueva reforma tributaria en manos del Congreso de la República para que sea estudiada en lo que resta del año, pues va con mensaje de urgencia y ha generado grandes expectativas entre los contribuyentes. Empecemos por decir que no tiene muchas cosas novedosas para hacerse llamar “estructural”, y porque ha sido construida, ambientada y socializada desde hace varios meses con los gremios económicos, los medios de comunicación y asesorada por una Comisión Tributaria que sentó las bases de lo que hoy empieza a ser discutido.

Hay que acabar de una vez por todas con la bipolaridad de los gremios económicos, grupos de presión que en tiempos de no discusión tributaria se rasgan las vestiduras pidiendo impuestos justos y más equitativos, pero cuando el articulado entra a estudio en el Congreso, confeccionan todo tipo de movimientos lobistas para que sus afiliados paguen menos o contribuyan en menor cantidad a las arcas nacionales. No podemos ser contradictorios y pedir a gritos más inversión social, infraestructura e investigación y desarrollo, y oponernos a ajustar las cargas tributarias colombianas que están llenas de mitos.

Lo primero que debe pasar sin mucha discusión porque no solo hay claridad, sino concordancia, es con la lucha frontal contra los evasores de impuestos que se llevan una buena tajada de los impuestos para sus ganancias. La inmensa mayoría del comercio colombiano es informal, no pagan salarios justos, no expiden una factura y no remuneran bien a sus empleados, y en esa lucha frontal contra los evasores debemos acompañar todos al Gobierno Nacional. El otro punto de la evasión campante tiene que ver con quienes retienen en sus facturas impuestos y no los trasladan al Estado; también están quienes inflan sus devoluciones para robar directamente tributos; o quienes simplemente acuden a artimañas para redondear sus obligaciones tributarias. Este tipo de cosas deben ser la médula de la discusión. Lo otro, sobre las cargas que se aumentan o se equilibran, debe haber sensatez y conciencia sobre las obligaciones que como país tenemos para sacar a más colombianos de la pobreza a través de la inversión social.

Es insólito acudir a descalificaciones ignorantes como “no pago impuestos porque se los roban” para oponerse a la necesaria actualización tributaria. Hoy existen todas las herramientas institucionales para denunciar los delitos contra los dineros del Estado y no podemos seguir cayendo en argumentaciones simples que no van más allá de palabras necias. Está sobre la mesa de discusión una reforma tributaria que debe ser discutida a conciencia por los congresistas y evitar representar en sus puntos de análisis a sectores comprometidos en que no se ajusten los impuestos, tal como las necesidades del país lo dictan en estos momentos.

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