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ANALISTAS Vulnerabilidad externa y agenda interna
lunes, 3 de febrero de 2014
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Hay pánico en el mercado financiero colombiano. El dólar en nuestro país sube fuertemente, mientras los mercados de acciones y de renta fija se desvalorizan. Una vez más se trata de una turbulencia internacional importada a través de los mercados de capitales, que reaccionan en contra de los países en vía de desarrollo en respuesta a la incertidumbre generada por los fuertes desbalances de Turquía, la posible desaceleración de China, la situación política de Ucrania y las forzosas devaluaciones de Argentina y Venezuela. Todo este panorama, sumado a las expectativas de recuperación de la economía norteamericana, incrementa el apetito por los países desarrollados a costa de los emergentes.

Naturalmente, algunas economías están mejor preparadas que otras en términos de sus fundamentales e indicadores de vulnerabilidad externa. Como veremos, Colombia está en el grupo de los países con un relativo blindaje, que le permitirá sobreaguar la tensión sin mayores dificultades, aunque algunos riesgos deben ser tenidos en cuenta. 

Lo primero que cabe resaltar es que nuestro país ya no se encuentra expuesto a la destrucción de sus finanzas públicas por cuenta de una fuerte devaluación. Pocos lustros atrás, por el contrario, una turbulencia en los mercados financieros internacionales hubiera generado un irreparable pánico en la economía nacional, ante la inminente materialización del riesgo cambiario. Afortunadamente, en la última década la participación de la deuda externa sobre la total se redujo a la mitad, pasando de 50% en 2002 a alrededor de 25% en 2013. Así mismo, algunos ingresos de la nación se encuentran atados al comportamiento del dólar, operando como una cobertura natural de nuestras obligaciones en moneda extranjera. 

En segundo lugar, el déficit fiscal de Colombia en la actualidad es inferior al de la mayoría de los países emergentes. En adición, la tenencia de una sana regla fiscal (que paradójicamente es criticada por una de las cabezas de lista de la Unidad Nacional) disipa parcialmente las dudas sobre el futuro de las finanzas públicas en nuestro país. 

Sin embargo, existen dos elementos que no se pueden perder de vista y que eventualmente podrían poner en problemas a nuestra economía frente a un eventual frenazo súbito en los influjos de capitales. El primero es que los niveles de déficit en cuenta corriente en nuestra economía son todavía altos. Aunque la devaluación ayudaría a mejorar el balance comercial de Colombia, la recuperación del consumo privado incidiría positivamente en las importaciones, mientras que las exportaciones parecen no componer su rumbo luego de un pésimo segundo semestre de 2013. 

De no mejorarse pronto el panorama exportador de Colombia, el impacto de una reversión en el déficit de cuenta corriente podría ser mayor. 

El segundo elemento a tener en cuenta es que ante la eventual presión de gasto público en el corto plazo, el control de la vulnerabilidad fiscal del país pasa por una nueva reforma tributaria, esta vez pro-recaudo. La demora en esta iniciativa aumentaría la percepción de riesgo de la economía nacional o comprometería el alcance de las prometidas reformas al agro y a la infraestructura, por no hablar del posconflicto.

En mi opinión, Colombia es uno de los países de la región con mejor desempeño macroeconómico, lo que le permite afrontar con solvencia coyunturas como la actual. Sin embargo, el mantenimiento de esta cómoda situación dependerá de la velocidad a la que sigamos avanzando en la agenda de competitividad y reconciliación. Necesitaremos ayudar a mejorar la competitividad de la industria y del agro, tanto como necesitamos la paz. Para ello, requerimos a su vez de más recursos y de un gobierno con el músculo político para conseguirlos y gestionarlos.