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ANALISTAS ¿Qué hay detrás del avance belicista de Corea del Norte?
miércoles, 10 de abril de 2013
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La prueba nuclear llevada a cabo por Corea del Norte el pasado 12 de febrero es la más potente de las realizadas hasta el momento, acción que despierta la preocupación mundial por el desafío que esto representa para la paz. Esta situación llevó al Consejo de Seguridad de la ONU a condenar el hecho, pero más allá de la ritual condena, quedan pocas sanciones que se puedan añadir a las ya impuestas  por las resoluciones 1718 de 2006 y 1874 de 2009.

 
En esta oportunidad las “medidas disciplinarias” atacan las actividades ilícitas del personal diplomático de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), así como las relaciones bancarias del país y restricciones de los viajes de sus funcionarios.
 
La resolución 2094 de 2013 también hace relación a los movimientos de grandes sumas de dinero en efectivo, apertura de sucursales o filiales de bancos de ese país y operaciones bancarias que puedan estar relacionadas con el esquema nuclear norcoreano. Igualmente se determina la inspección de la carga en tránsito y cuyo origen o destino sea la RPDC. 
 
La respuesta del régimen norcoreano no se hizo esperar. Puso fin al Acuerdo de Armisticio firmado con su hermana del sur en 1953, declaró la renuncia unilateral de todo acuerdo de no agresión vigente entre Pyongyang y Seúl, anunciando que están preparados para el combate y amenazó con golpear a Guam, Hawai y la parte continental de Estados Unidos. No contenta con lo anterior, envió un mensaje a la ONU diciendo que la situación en la península coreana está al borde de la guerra nuclear.
 
¿Qué hay detrás de esta avalancha belicista y las amenazas de atacar a Estados Unidos y Corea del Sur?
 
Según analistas, no es posible entender las acciones del joven líder norcoreano Kim Jong-un, sin comprender cómo recibe ese mensaje el ciudadano de a pie, cuya visión del mundo es fruto del aislamiento y del culto monolítico a la dinastía de la familia Kim, consolidada en el poder desde 1948.
 
Blaine Harden, periodista estadounidense, quien entrevistó a muchos prisioneros que huyeron de los campos de trabajo forzado en territorio norcoreano, dijo a la BBC que “la actual crisis genera temores profundos y reales para quienes viven en Corea del Norte, porque la propaganda del régimen es muy efectiva”.
 
“La campaña propagandística comienza en la escuela y está basada en un pasado real, cuando Estados Unidos bombardeó a Corea del Norte, destruyendo cerca del 85% de su infraestructura. Esto sucedió en la guerra de las coreas en 1950, hace mucho tiempo, pero para los norcoreanos parece que fue ayer”. El periodista sostiene que “cuando Kim Jong-un anuncia que aviones estadounidenses de combate están sobrevolando otra vez la península coreana, produce en la población un miedo muy real, útil para sus propósitos”. 
 
Por otro lado, una guerra nuclear es improbable, pues Pyongyang sabe que un intento de ataque con “ojivas” a objetivos surcoreanos o norteamericanos significaría su inminente destrucción. Pero que no exista un peligro real de “enfrentamiento nuclear”, no quiere decir que la RPDC no tenga la capacidad de crear un conflicto con armas tradicionales, forzando la intervención de Estados Unidos. China, el gran aliado de los norcoreanos se vería obligada a defender a Pyongyang, como ya hizo hace 63 años.
 
La península coreana vive una situación de inestabilidad política que se remonta a 1945 cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. La “Corea unificada” fue hasta esa fecha una colonia del Imperio del Sol Naciente. 
 
Tras la capitulación de Japón, el 2 de septiembre de 1945, los Aliados dividieron la península por el paralelo 38; el norte para las tropas soviéticas y el sur para los estadounidenses, dando origen a dos entidades políticas: la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte) y la República de Corea (Corea del Sur). 
 
Estos sistemas opuestos, comunismo y capitalismo, provocaron en 1950 la Guerra de Corea. Tres años después celebraron un acuerdo de alto el fuego, estableciendo una línea de demarcación militar en ambos lados de 4 kilómetros de ancho. Lo curioso del caso es que no se firmó un tratado de paz, por consiguiente el estado de guerra quedó latente y la tensión se mantiene hasta nuestros días, debido a que Pyongyang no renuncia a la idea de unificar las dos naciones por la fuerza… ahí podría estar la justificación de su afán por el poder bélico.