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En los últimos días hemos asistido a un inquietante despliegue de críticas movidas más por el fanatismo político y los resentimientos que por la racionalidad, lo cual brinda mensajes negativos y de confusión. El deterioro en la credibilidad institucional no es gratuito, obedece a comportamientos censurables de algunos de sus ejecutores.
El consultor y destacado profesor de gerencia, Peter Drucker, ha señalado, con razón: “No hay países subdesarrollados sino países mal administrados”. La Colombia de hoy es el resultado de la dirigencia que hemos tenido, elegida en procesos democráticos, en muchos casos influenciados por organizaciones mafiosas y criminales que han estimulado una perversa corrupción que carcome los limitados recursos para la solución de nuestros problemas; no escapa la responsabilidad a cierto sector de la población que sin escrúpulos los elige.
Sin desconocer las dificultades por las que atraviesa el diálogo con las Farc en la Habana, se avizoran nuevos desafíos a la creatividad de las diversas instituciones públicas y privadas; sin duda alguna, un nuevo país construiremos, tarea en la cual todas las instituciones y la sociedad son corresponsables. El sector productivo, entre otros. La administración de empresas tendrá destacada labor que permita atender no solo las exigencias de una economía globalizada sino también la implementación del denominado posconflicto.
La formación de administradores de empresas por parte de las universidades tendrá que salir de la “zona de confort” para que el inmenso potencial de sector productivo colombiano, particularmente en las regiones mayormente afectadas por el conflicto armado, tenga la acertada dirección gerencial que estimule las competencias laborales en función de la productividad, calidad, competitividad y eficiencia que caracterizan los mercados, para de esta manera contribuir a la generación de empleo productivo y digno que facilite la reinserción digna de los excombatientes y sus familias a la sociedad.
Es entendible que los gerentes tendrán al interior de sus empresas , personas víctimas y victimarias del conflicto, lo cual exigirá una cultura organizacional que contribuya a la convivencia y estimulando un compromiso con la consolidación de la paz.
Un gerente que discrimina, maltrata la dignidad humana, irrespetuoso con la opinión ciudadana, movido por prejuicios, será un generador de violencia y de inconformidad, lo cual obviamente redundará negativamente en el ambiente laboral, reflejándose en la calidad de los productos y servicios que se ofrecen a sus clientes. Se comprende entonces, la delicada e inaplazable responsabilidad de la academia en la formación de los nuevos administradores de empresas.
La nueva Colombia que construiremos necesita empresarios y gerentes no solo idóneos académica y éticamente, sino también comprometidos con la paz, la convivencia civilizada y el cuidado de la naturaleza. No en vano, la Ley 115 de 1994 enfatiza en los fines del servicio educativo ( Art. 5): “ La formación en el respeto a la vida y a los demás derechos humanos, a la paz, a los principios democráticos, de convivencia, pluralismo, justicia, solidaridad y equidad, así como en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad ”. Una gerencia así concebida, contribuirá eficazmente al logro de los objetivos centrales del Plan Nacional de Desarrollo: Paz - Equidad Educación : Todos por un nuevo país.
La paz es la principal empresa a gerenciar y en la que tenemos que trabajar más y mejor por un nuevo país.
Ver a quien gobernó Venezuela durante 13 años aterrizar esposado en Nueva York demuestra que la soberanía no puede convertirse en refugio del narcotráfico, la corrupción y el crimen organizado
La prioridad del país debe ser otorgar un mandato democrático claro y confundente a partir de las elecciones parlamentarias, pues si el congreso y la justicia siguen comiendo nube y no se ocupan de destituir a un presidente promotor de la ilegalidad, nos van a capar parados a todos los que damos empleo y pagamos los impuestos
Gracias a la vida por ti, mami. Vives en mí, en tus nietas, en cada persona que tocaste con tu energía y tu amor. Ese es tu legado