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Mais grande que o Brasil

viernes, 8 de febrero de 2013
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La alaraca y el derroche de tinta y de ondas radiales y televisivas en los últimos años en torno a la creación del ALBA y de UNASUR, y a la controversial entrada de Venezuela al Mercosur, contrastan con el surgimiento tranquilo pero seguro del que está llamado a ser el único bloque económico verdaderamente funcional y cohesionado de nuestra región: la Alianza del Pacífico.
Este flamante proyecto de integración profunda entre México, Colombia, Perú y Chile (con Panamá esperando en capilla), reúne tres aspectos determinantes para su éxito y relevancia en el mundo contemporáneo. El primero es la escala. Juntos, estos cuatro países tienen 206 millones de habitantes, lo que los ubicaría como el quinto país más poblado del mundo por encima de Brasil (194 millones) y los constituye en un bloque tres veces más grande que el ALBA. 
La escala económica acompaña a la poblacional. El producto interno bruto conjunto de los cuatro países, estimado en 2012 en $2.044 millardos de dólares y en $2.883 millardos una vez se ajusta por poder adquisitivo, los situaría, en términos nominales, como la octava economía del mundo (justo por debajo del muy sobrevaluado Brasil), y en términos de capacidad de compra efectiva, como la sexta economía del planeta (significativamente por encima del “gigante suramericano”). La comparación con el ALBA es mucho más dramática. Estas cuatro economías producen al año más de cuatro veces el valor generado por las ocho que componen ese bloque.
El segundo factor tiene que ver con el dinamismo económico. Mientras que en 2012 México y Colombia crecieron en torno al 4%, Chile por encima del 5% y Perú al 6%, Brasil lo hizo escasamente al 1%. Y esta diferencia no es flor de un día. En los últimos cinco años, las cuatro economías de la Alianza han crecido significativamente más que la del Brasil. Sus perspectivas futuras también lucen más alentadoras. Brasil invierte solo un 21% del PIB, frente a un 25% de las naciones que conforman la Alianza (el nivel de inversión es un buen predictor del potencial económico futuro). 
De igual manera, los países de este nuevo bloque, especialmente México y Chile, le llevan terreno considerable a las otras grandes economías latinoamericanas en lo que refiere a la internacionalización de sus aparatos productivos. En 2012, sus exportaciones conjuntas sumaron cerca de $555 millardos de dólares, un 25% más que las exportaciones del Mercosur (incluyendo Venezuela), más del doble de las del Brasil ($256 millardos) y casi cinco veces las del ALBA. No en balde, el Fondo Monetario Internacional les pronostica a estas cuatro economías crecimientos marcadamente superiores en el mediano plazo a los del resto de países clave de la región. 
El elemento final, y sin dudas el más importante, es que Perú, México, Chile y Colombia comparten una visión moderna de economía abierta y fomento a la iniciativa privada dentro de la democracia. Unasur, en cambio, a pesar de la empalagosa retórica de unidad, es una cacofonía de modelos políticos y económicos, mientras que Mercosur vive al vaivén de las agrias y frecuentes disputas comerciales entre Argentina y Brasil y los impulsos proteccionistas de ambos. El ALBA, en forma quijotesca, persigue un modelo económico que fracasó estrepitosamente en el siglo XX. Paradójicamente, nadie lo ha dicho mejor que Marx: “la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa”.
La Alianza del Pacífico constituye pues la más ambiciosa apuesta geo-política de Colombia en las décadas venideras, y una que en poco tiempo ya comienza a rendir frutos concretos, como la creación del MILA—Mercado Integrado Latinoamericano que reúne las bolsas de Colombia, Chile y Perú (con la de México ad portas de ingresar). Esperemos que también impulse al país y al gobierno nacional a volcar su atención sobre nuestra costa pacífica—por lejos la más pobre y abandonada de los países de la Alianza. Un primer paso en esa dirección, sería reclamar para Cali-Buenaventura la sede permanente de este prometedor bloque económico.

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