martes, 19 de enero de 2016
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¿Qué sigue ahora en materia fiscal? Lo único claro es que habrá que observar dos premisas básicas: gusto no se le podrá dar a todo el mundo y hay que actuar rápido.

El Gobierno manifestó su malestar de que se hubieran filtrado las recomendaciones finales de la comisión de expertos tributarios. Y es entendible, pues estos anuncios aparecieron en mitad de la histeria que despertaron a comienzos de año los anuncios de las cifras de inflación y la discusión que suscitó la fijación del salario mínimo.

Sin embargo, la comisión de expertos ya había presentado públicamente, y a lo largo del 2015, tres informes parciales. De manera que las conclusiones finales no debieron tomar a nadie por sorpresa. Ya se sabía en qué dirección iban sus recomendaciones.

El Gobierno ha dicho también que las conclusiones de los expertos no son más que un insumo que se sopesará con las otras que han presentado entidades como la Oecd y el Fmi, a fin de que se forme su propio criterio y presente su versión de la reforma tributaria a consideración del Congreso.

Es apenas natural que así sea. Pero no puede olvidarse: lo que salga de la coctelera de las recomendaciones de la comisión de expertos, del FMI y de la Oecd, serán propuestas duras que no van a dejar contentos a muchos sectores. 

El Gobierno haría bien en comprender, desde ahora, que no va a poder darle gusto a todo el mundo. Porque entonces, lo que saldría sería una reforma cosmética y coja que no va a servir para hacerle frente a la gravísima situación fiscal por la que atraviesa el país.

Sea cual fuere el cóctel tributario que se prepare, va a contener más IVA, menos impuestos a las empresas, más gravámenes a personas naturales, tributación sobre los dividendos, una peluqueada grande a exenciones y privilegios tributarios, alzas en impuestos municipales y departamentales. Meterá en cintura a ciertas entidades sin ánimo de lucro, y habrá mayor control a la evasión por parte de la Dian. El cóctel lo prepara el Gobierno, pero los ingredientes disponibles no son muchos.

Y segunda premisa: hay que actuar rápido, pues, inclusive, ya se nos ha hecho tarde. Como escribió hace poco Santiago Montenegro, el nuevo presidente del Consejo Gremial, refiriéndose a los otros países de la región: “quizás la diferencia radica en que países como Chile o Perú comenzaron a realizar el ajuste y a controlar el gasto más temprano, desde el 2012, en tanto que nosotros esperamos hasta la segunda mitad del 2014”.

Ojalá sea cierto pues, como le dijo el Ministro de Hacienda al Colombiano, que “la reforma tributaria no se va a embolatar”. O sea, que la famosa reforma estructural, tal como se había anunciado y requete anunciado, se presentará en el mes de marzo a consideración del Congreso. El déficit fiscal que se vislumbra para el 2016 es abultadísimo. Y si no se salda pronto (no con más endeudamiento sino con más recaudos tributarios) , la credibilidad internacional y nacional con relación a la política fiscal, ya bastante enredada por cierto, terminará por derrumbarse.

No debería el Gobierno empezar a hacer cálculos dilatorios sobre si presenta la reforma en el primer semestre, o en el segundo cuando se firme la paz y se curse el referendo ratificatorio. Si se pone a darle largas a los urgentes ajustes fiscales, corre el riesgo que se le vaya 2016 en blanco, pero con unas inmanejables cuentas públicas en rojo.

Nota: Los constantes insultos que me dispensa el señor Lafaurie de Fedegán, me hacen recordar la frase de Rousseau: “ Cuando no hay razones, hay insultos”.