viernes, 2 de agosto de 2013
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Uno de los efectos económicos de la globalización es la interconexión de los mercados mundiales, que es básicamente la movilidad mundial de bienes y servicios, de trabajadores, de capital y de inversión. Teóricamente, esta movilidad ajusta los precios de los bienes, de los salarios, el valor de las acciones, de las monedas y de las materias primas, entre otros. 
 
Los países receptores de inversión extranjera directa o de portafolio tienen una o varias de las siguientes características: tienen bajos salarios, poseen suficientes recursos extractivos, tienen una clase trabajadora ávida de consumo y tienen libre movilidad de capitales de inversión de corto plazo.
 
Cada mercado tiene su lógica de funcionamiento, por ejemplo: no hay mucha movilidad en el mercado laboral mundial (movimientos de trabajadores de un país a otro), pero sí hay movilidad de inversión hacia los países con menores salarios. En las últimas décadas, el flujo de  inversiones (especialmente en manufacturas) ha tenido como destino países como China e India, cuyos salarios eran muy bajos, pero lentamente han ido aumentando, especialmente en China. Por lo tanto, los inversores se han desplazado hacia otros países con menores salarios como Bangladesh, Tailandia, Malasia, Filipinas, Indonesia, Vietnam y Camboya, entre otros. 
 
A nivel mundial no hay forma de regular el mercado laboral, porque cada país tiene sus propias leyes laborales. El papel de regulador le corresponde a la OIT, pero en muy pocos casos puede intervenir por la heterogeneidad en las reglas laborales internas de cada país, y por la dificultad al hacer aplicar las normas.
 
Por otro lado, los tratados de libre comercio favorecen a los países cuyos productos tienen mayor valor agregado, entonces la tecnología de los países desarrollados los lleva a exportar  productos tecnológicos o que en su proceso aplicaron procesos altamente tecnificados. Mientras que muchos países en desarrollo (emergentes les llaman hoy) exportan materias primas que  no tienen mucho valor agregado para el país, pero sí para las multinacionales que las exportan. La tecnología que se utiliza en la extracción pertenece a las multinacionales, y en muy raras ocasiones hay transferencia de tecnología para el país receptor.
 
Las leyes internas de los países sobre explotación de recursos y manejo ambiental son las únicas que pueden regular a las grandes multinacionales extractivas.
 
En el mercado de servicios es en el que entran con facilidad las multinacionales que en la mayoría de casos tienen poder de mercado. Los países receptores deben tener fuertes leyes antimonopolio para evitar la competencia desleal.
 
El flujo de capitales de inversión de portafolio ha tenido una característica en los últimos años: ha sido muy volátil. Pero lo que sí es claro es que la tasa de cambio nominal de las monedas y los flujos de inversión de corto plazo dependen de las políticas monetarias de los países grandes y, por otro lado, las exportaciones de materias primas dependen de la especulación mundial de los precios  y de la demanda global por estas. 
 
Infortunadamente para Colombia, el desempeño de la balanza comercial y los flujos de inversión de corto plazo tienen una gran dependencia de las decisiones de política monetaria de Ben Bernanke y, por otro lado, la inversión directa y las exportaciones dependen de los precios mundiales de las materias primas. 
 
Lo que se necesita en Colombia es una sólida industria manufacturera con una fuerte base tecnológica que sea competitiva en el exterior, genere alto valor agregado y no esté sujeta a los choques externos. El fortalecimiento de la industria manufacturera requiere de la simbiosis entre academia, empresas, y fundamentalmente de las  políticas de “Estado”.