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ANALISTAS La economía on-demand y la brecha global de talentos
lunes, 20 de abril de 2015
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El mundo está cambiando a un ritmo sin precedentes. Internet y los avances tecnológicos han transformado los negocios, la industria, la administración gubernamental, y prácticamente todos los aspectos de nuestra vida diaria. Mientras la penetración de la computación llevo décadas, los celulares, y más recientemente los smartphones, han proliferado en tan solo unos pocos años. 

Hoy la mayor parte de la población mundial usa teléfonos inteligentes. Además, lo que se conoce como “internet de las cosas” (o “the internet of things”) nos está conectando con nuestros electrodomésticos, nuestros autos, y nuestros edificios a través de inteligencia artificial virtual. Esto ha tenido sus implicancias en la economía, a medida que la automatización estimula la productividad y la eficiencia desplazando a los trabajadores de las industrias tradicionales. 

También ha provocado la expansión de la llamada “economía colaborativa”, muy positiva para los consumidores pero disruptiva para viejas formas de empleo. Uber desafía a los taxistas tradicionales, Airbnb hackea a la industria hotelera, ZipCar compromete a las agencias de alquiler de autos, y los servicios de streaming como Netflix revolucionan a las productoras dominantes de televisión y cine y a los cableoperadores. Mientras hay mucho por explicar desde un punto de vista sociológico acerca de la confianza que generan estos servicios sin el respaldo de una marca o una empresa, es claro que todos estamos actuando cada vez más como si fuéramos cada uno pequeñas empresas. 

El impacto sobre el mercado laboral -y por tanto sobre el tipo de educación y entrenamiento necesario parar progresar- aún debe ser evaluado. Pero sabemos que el contrato convencional entre empleado y empleador esta rompiéndose. Las empresas ya no pueden ofrecer como antes la seguridad del empleo de por vida, y como consecuencia los jóvenes posiblemente cambien de trabajo más de una docena de veces a lo largo de su carrera. La competencia por el talento es más intensa en todos lados, aun cuando el futuro del trabajo es más incierto. Un estudiante en Brasil está compitiendo contra otros en Singapur o Marruecos. 

Al mismo tiempo, las empresas tienen cada vez más dificultades para encontrar los talentos que necesitan para sus negocios globales y de alta tecnología. El informe de PWC también encontró que a casi dos tercios (63%) de los CEOs globales les preocupa no poder encontrar los empleados con las habilidades y el suficiente espíritu innovador para cubrir las posiciones abiertas. McKinsey estima que habrá un déficit de unos 85 millones de trabajadores calificados hacia 2020. Como señala The Economist, esta tendencia “desafiará muchos de los supuestos fundamentales del capitalismo del siglo XX”.

Todas estas tendencias juntas -conectividad, emprendedorismo móvil, la ruptura de las relaciones corporativas tradicionales, y la brecha global de talentos- significa que nuestros estudiantes enfrentan presiones inesperadas así como oportunidades inimaginadas. Ellos tendrán que adoptar lógicas innovadoras y resolutivas, y prepararse para una vida profesional adaptándose permanentemente al cambio. 

Es un reto para nuestros sistemas educativos desactualizados, y aquellos estudiantes que queden rezagados deberán competir con trabajadores de todo el mundo. Pero aquellas escuelas, ciudades, estados y países que puedan adaptarse a la economía on-demand podrán cosechar los beneficios de una productividad creciente y el avance tecnológico.