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ANALISTAS Isis, fundamentalismo anacrónico
viernes, 12 de septiembre de 2014
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En meses recientes nos ha sorprendido el surgimiento del Estado Islamista de Irak y Siria –Isis- por su propuesta consistente en crear una nación en la cual todas las actividades de sus ciudadanos las rija su religión,  esto es, un califato islamista, donde “el Corán sea la Constitución”. 

Para ellos lo que importa son las leyes religiosas, porque el bienestar de su población –alimentación, salud, educación, orden público y seguridad- llegan como consecuencia natural de su religión. 

Sorprende, asimismo, que no se hubieran dado cuenta del surgimiento de Isis ni el propio gobierno iraquí, ni la inteligencia estadounidense. Increíble, no vieron la integración de una fuerza con 17.000 combatientes. Otra pregunta que puede entrañar una gran sorpresa es ¿quién los financia? ¿Arabia Saudita, acaso? 

La ideología oficial de Isis es contraria a la permisividad de Occidente, pero la realidad parece ser otra, porque sus milicias realizan orgías, violaciones, torturas y asesinatos de infieles como lo demostraron al mundo por medio de los videos con la decapitación salvaje de los dos periodistas estadounidenses.

 Censura Isis la cultura materialista occidental basada en el hedonismo, la riqueza y el sexo, frente a una vida como la suya, dedicada a causas más trascendentales.  Por esto  dicen estar dispuestos los islamistas radicales a arriesgar su vida, a que los destruyan, a emprender luchas raciales y religiosas. Ciertamente, dispuestos a guerras anacrónicas como acontecía hace más de diez siglos. 

 Estas posiciones extremas hincan sus raíces en el Corán, que excluye la existencia de un orden separado entre religión y política, dando como resultado incompatibilidades con las sociedades pluralistas tolerantes y liberales de Occidente.  Jesucristo dijo, en cambio: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, con esto orientó su religión a adaptarse al mundo no a conquistarlo. 

 El afán de los islamistas por abandonar sus países e invadir a Europa con sus inmigrantes demuestra la insatisfacción de sus gentes con las escasas oportunidades que les brindan sus califatos. Infortunadamente, no se integran con las poblaciones autóctonas que los acogen, perviven con la misma mentalidad tribal y aislacionista. 

Otro tema de fondo  radica en que los gobiernos poderosos de occidente actúan hoy para complacer a sus ciudadanos que solo buscan confort, comodidad, un poco de alcohol o de drogas, modestos placeres durante el día, la noche y una muerte tranquila.