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ANALISTAS Interbolsa
viernes, 16 de noviembre de 2012
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La crisis de la comisionista InterBolsa y su intervención y eventual liquidación ha dado mucho de qué hablar. La polémica ha sido generada no solo por la importancia de esta empresa que manejaba el 34% del mercado de valores de Colombia y contaba con representación en Panamá, Estado Unidos y Brasil y que para el tercer trimestre del año reportó utilidades por $14.000 millones.

Desde 1990, la comisionista InterBolsa se consagró a la intermediación en el mercado de valores. Se dedicaba a la compra y venta de acciones o papeles como bonos o títulos de deuda en representación de otras personas para generar ganancias a los inversionistas, en ese sentido realizaba varios negocios permitidos por la ley como el contrato de comisión, el contrato de corretaje, la administración de carteras colectivas, entre otros. A medida que iba creciendo fue conformando un grupo de empresas para ofrecer un portafolio de servicios completo.

Las intrincadas relaciones que se han encontrado en todo este lío ponen en tela de juicio las labores de vigilancia del gobierno y sus entidades reguladoras de la actividad económica. Los lazos existentes entre los accionistas de InterBolsa y las empresas hacia las cuales la comisionista destinaba la mayoría de los recursos a su disposición revelan notas de conflictos de intereses que todavía tiene que ser demostrado pero acorde a la evidencia que tenemos no sería raro que esto se hubiera dado.

 Los $300.000 millones en acciones de Fabricato que tenía InterBolsa, contribuyeron a crear una burbuja y los precios de ésta subieron sin estar realmente soportados en valor real de la compañía, la acción pasó de costar $26 a costar $90. Son señal de cómo se pudieron ver afectadas las inversiones por los intereses de los dueños de la comisionista.

Ni la Superintendencia Financiera ni la Bolsa de Valores de Colombia aplicaron la regulación necesaria. Para nadie es un secreto que desde hace unos años Fabricato no genera los resultados deseados y que su desempeño no es bueno, entonces queda una pregunta; ¿cómo permiten que una acción triplique su precio sin ningún control más aún cuando la compañía que la representaba no estaba bien?

A todos nos habían puesto un velo en los ojos que no permitió ver bien lo que estaba pasando, estábamos demasiado satisfechos con el supuesto buen desempeño de la comisionista como para ir más allá de la fachada y reaccionar. Si bien el gobierno y los entes reguladores actuaron antes de que se generar un efecto bola de nieve, la reacción fue tardía, de haber sido antes quizá se podría haber prevenido la caída de esta comisionista.

La pregunta sobre si es necesario mejorar la regulación del mercado de valores es una que no sobra en este momento, lo claro es que no se puede permitir que la confianza de los inversionistas caiga ni mucho menos que los precios suban sin control pues estas pequeñas burbujas pueden representar  riesgos mayores.

El mercado de valores está lleno de incertidumbre, es un juego de riesgo, pero su buen desempeño depende de varias cosas: del buen ejercicio de las empresas que emiten sus acciones, de la confianza de los inversionistas, de las comisionistas y sus trabajadores. De estos últimos se espera mucho pues es a quien se le confían los recursos y como tales deben respetar a los inversionistas y en lo posible lograr ganancias para ellos. Una comisionista que no está atenta a la evaluación de riesgos es una que no debe hacer presencia en el mercado pues los efectos, como lo vemos, pueden ser catastróficos para la economía.