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ANALISTAS Imaginando el café en 60 años
sábado, 29 de marzo de 2014
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¿Cómo será la Colombia Cafetera en 60 años? No es fácil responder a esta pregunta: requiere una dosis de proyección y otra, no menos importante, de imaginación.

¿Volverá al país, hacia  2074, a ser el primer o segundo exportador mundial del grano (como históricamente lo fue)? Probablemente no. Las tendencias recientes indican que en los años venideros seremos un jugador internacional de tamaño inferior al que históricamente tuvimos.

El Brasil, de una parte, está consolidando producciones entre 40 y 50 millones de sacos por año. Vietnam, este año, tendrá una producción cercana a los 30 millones de sacos. Y es probable que mantenga su producción en estos niveles en los años venideros. Colombia, yéndole bien (y gracias a la inmensa tarea de renovación con variedades resistentes a la roya que ha prohijado este gobierno) volverá a estabilizarse en niveles de producción del orden de 12 ó 14 millones de sacos durante las décadas venideras. Países como el Perú nos están pisando los talones.

En conclusión: no creo que volvamos ni al primero ni al segundo puesto en participación en el mercado internacional. Si nos va bien, mantendremos un tercer lugar, pero podríamos bajar al cuarto o quinto si nos descuidamos.

¿Se sembrará café robusta en Colombia? ¿Por qué no? Lo hace Brasil sin ningún inconveniente y sin ninguna contradicción con su producción de  suaves. En el estado de Espíritu Santo se producen cerca de cuatro millones de sacos de café robusta que son absorbidos principalmente, y sin traumatismo alguno, por la industria brasileña de solubles.

En Colombia, hay terrenos promisorios para la siembra de cafés robustas como pueden ser algunos territorios de la Orinoquía. Sería, además, un cultivo permanente muy adecuado para ir ampliando la frontera agrícola en las comarcas orientales del país. Y las reglamentaciones sobre calidad, impuestos, y comercialización se pueden dictar,  garantizando la debida producción y comercialización de cafés arábigos. 

Es, a mi entender, un falso debate plantear la imposibilidad o inconveniencia de cultivar café robusta en Colombia.

¿Se afianzará la producción de cafés especiales en los próximos 60 años? Probablemente sí y sería conveniente que así fuera. Ya en hoy, Colombia produce y exporta cerca de 40% de su grano bajo alguna forma de cafés especiales. Es predecible, dada la tendencia del consumo en el mundo que premia este tipo de  café, que el porcentaje se incremente diez o quince puntos porcentuales. 

Naturalmente, no siendo Colombia un proveedor marginal en los mercados internacionales, deberá mantener una parte de su producción y de sus exportaciones bajo la forma de cafés verdes corrientes para atender la demanda de los grandes tostadores que  incorporan usualmente a sus mezclas cafés verdes de origen colombiano. Y de estas mezclas no debemos desaparecer tampoco.

¿Qué otra tendencia se avizora? La institucionalidad cafetera debe experimentar cambios profundos. La Federación de 2074 no debe pensarse igual a la de 2014. En investigación, en mercadeo, en promoción del consumo interno, en productividad, en la orientación y capacitación del mercado laboral, en liderazgo gremial, en cooperativismo cafetero, entre otros, tiene que dar un salto grande.  

En 60 años, y aún bien antes, la organización cafetera debe prepararse a vivir menos dependiente de los subsidios del presupuesto nacional.

Y por último, en 60 años el café podrá perder importancia dentro de las exportaciones o dentro de la producción agrícola del país. Es, además, normal que así suceda en un país que diversifica su oferta exportable y que se moderniza. Pero el café no desaparecerá en los próximos sesenta años. Seguirá teniendo una gigantesca importancia social  como generador de ingreso y de empleo rural. Y continuará cosido al alma colombiana como siempre lo ha estado.