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ANALISTAS Dificultades para la productividad
viernes, 2 de agosto de 2013
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Cuando la producción industrial o agropecuaria es escasa o poco competitiva, el proteccionismo es una de las políticas de estado a las que recurren los gobiernos. Hay diferentes tipos de políticas: aumento de aranceles a las importaciones, imposición de cuotas al comercio, subsidios a los precios, entre otros. Aun cuando la Organización Multilateral del Comercio (OMC) así como los acuerdos comerciales se oponen a muchas de estas prácticas, algunas de las medidas proteccionistas operan de diferentes formas en el país y mucho más en otros. 
 
Durante los últimos años Colombia ha estado en una carrera por firmar tratados comerciales sin reparar mucho en los efectos sobre la industria. Ahora, ponerle freno a la locomotora del comercio ya no es una opción. El país tiene en este momento un gran número de compromisos con otros países que no puede desconocer.
 
Aún cuando no es pecado intentar proteger la industria, en este punto, es imposible hacerlo mediante restricciones al comercio, más aún cuando estas han mostrado no generar los resultados deseados. La realidad es que la productividad de algunas de las industrias colombianas hoy está en duda, en especial la agroindustria.  
 
En un documento de Juan José Echavarría y Mauricio Villamizar y otros en el que se habla del proceso de desindustrialización que vivió Colombia tras el boom de los años 30, se insinúa que las clases económicamente altas del país no estaban interesadas en invertir en la industria, pues esto implicaba mucho esfuerzo y asumir un considerable riesgo. Aun así la industria creció más que el PIB hasta 1973, a partir de ese año el crecimiento fue inferior. Para algunos investigadores del Banco de la República (Iregui, Melo, Ramírez; enero de 2003), esos datos podrían estar apoyados en una ausencia de política industrial, agravada en 1990 por el proceso de apertura económica del gobierno Gaviria. Para otros como el actual ministro de Hacienda (2001: Economic Growth in Colombia…) esto también podría explicarse  en parte por el fenómeno de violencia que ha vivido el país y que ha impedido la institucionalidad y estabilidad jurídica en algunas zonas, sin embargo el consenso continúa siendo que sumado a esto, la política económica fue relegada a un tercer plano y no cumplió el rol que debía. Hoy el Gobierno sigue ignorando las necesidades reales de ciertos sectores de la economía para “beneficiar” a otros, olvidando la importancia de los contrapesos y del equilibrio en estos temas. 
 
Los datos de productividad del país de los últimos meses son evidencia de cómo esta no se ha protegido y estimulado de la forma correcta. No es cuestión de cerrar las fronteras, de subir aranceles e imponer límites al comercio, es más bien cuestión de resolver con formas creativas las necesidades que tiene cada industria o sector en particular. Si es cuestión de tecnificación como en el campo, entonces se debería intentar proveer tecnología mediante bienes públicos, aún si hay beneficios tributarios; un pequeño productor del campo difícilmente puede tener acceso a dicha tecnología además los créditos del sector agropecuario son o de difícil acceso o tienen tasas de interés excesivamente altas para el campesinado. 
 
Cabe mencionar aquí el retraso que tiene el país en infraestructura lo que sumado a los altos costos del transporte sigue siendo una fuerte causa de la pérdida de competitividad.