viernes, 7 de septiembre de 2012
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Desde los albores de la humanidad hasta el Siglo Dieciocho, todas las sociedades del mundo eran pobres, existía tan solo un pequeño grupo de personas ricas y poderosas por tradición familiar,  por lo general. Vinieron luego el capitalismo y la Revolución Industrial y la riqueza comenzó a aumentar  y la pobreza a disminuir.  En todos los lugares donde el capitalismo no floreció, la gente sigue siendo pobre. Y allí donde ha sido rechazado, ha crecido la pobreza.

A algunos investigadores como el señor W. H. Brady, autor del libro “Coming Apart”,  le llama la atención que entre el pueblo estadounidense, uno de los que más se ha beneficiado del capitalismo, se ataque hoy al candidato para la presidencia, señor Mitt Romney, exitoso inversionista, por ser un “despreciable capitalista”.

Y se pregunta: “¿Qué ha llevado el ánimo de EE.UU. tan lejos de nuestra celebración histórica del éxito económico? Porque cada vez parece que los estadounidenses aceptaran más la mentalidad que mantuvo al mundo sumido en la pobreza durante milenios, con el criterio de que si te enriqueciste fue porque empobreciste a alguien”.

Considera el citado autor que las interferencias de los políticos en la economía con criterio populista, como aconteció con las hipotecas en los Estados Unidos, las cuales se otorgaron con intereses bajos para personas que no las podían pagar, o las exenciones tributarias para los muy ricos han contribuido a desacreditar el capitalismo en la mente del público de su país. Por estos errores evitó la reciente convención republicana la asistencia del desprestigiado expresidente George W. Bush.

Las gentes aplauden a quienes se enriquecieron al crear productos y servicios que las personas anhelaban, tales como Thomas Edison, Henry Ford, Steve Jobs… pero observa con recelo las grandes fortunas acumuladas por medio de instrumentos financieros sospechosos, información privilegiada, subsidios o contratos turbios con los gobiernos…

Le asigno gran importancia - continúa Brady- a que un gran número de capitalistas exitosos a la fecha,  son personas de izquierda política, que no sienten lealtad alguna hacia el sistema que les permitió sus éxitos.  Ni tampoco admiten afinidad con los capitalistas del otro lado del espectro político. Algo similar acontece con un sinnúmero de  personas que manejan las noticias en forma tendenciosa, con dueños de medios de comunicación y hasta con ciertos líderes del sector financiero que comparten cada vez más las posturas estúpidas de George Soros. Hasta aquí me baso en el artículo citado.

En Colombia existen  no pocos empresarios y políticos con grandes similitudes con lo anterior.  No piensan ni siquiera en el país que legarán a sus hijos.  Apoyan partidos sin tradición histórica, los cuales  nadie garantiza que no terminen en dictaduras de izquierda,  tipo Chávez.  

La reputación del capitalismo pasa por un momento difícil en numerosos países. La hostilidad es culpa de la manera como es interferida la economía por los políticos corruptos o del doble juego de algunos empresarios inocentones. En ambos casos influye el deterioro de los principios éticos de la juventud en las décadas recientes. Apremia defender el capitalismo, porque “el bienestar perdurable y justificado de la vida depende de la libertad económica tanto como depende de otras clases de libertades y de oportunidades”.