.
ANALISTAS De inflaciones y deflaciones
jueves, 16 de abril de 2015
La República Más
  • Agregue a sus temas de interés

La inflación se define como la variación porcentual y positiva del Índice de Precios del Consumidor (IPC). La deflación es cuando la variación porcentual es negativa. Se suele confundir deflación con desinflación, pero en esta última la variación porcentual del IPC es positiva aunque va disminuyendo periodo a periodo.

Por estos días están de moda tanto la inflación como la deflación. Según proyecciones de Bloomberg, los dos países con mayor inflación proyectada para el 2015 son Venezuela con una inflación de 72,3% y Argentina con un 22,5% de aumento de los precios. Les siguen países como Ucrania, Ghana, Rusia y Egipto.

Milton Friedman afirmaba que la inflación es un fenómeno puramente monetario, pero los casos de Venezuela y Argentina no son solo de origen monetario, ni siquiera de mal manejo de las políticas monetarias. Se trata de una confluencia de malas políticas monetarias, fiscales, cambiarias y de falta de incentivos a la inversión nacional y extranjera. 

En Venezuela el socialismo del siglo XXI desincentivó la inversión interna y ahuyentó a la externa, además se expropiaron empresas y muchas se nacionalizaron, lo que llevó a la ineficiencia de la producción de bienes y servicios, que a la larga lleva a escasez. Por otro lado las políticas cambiarias -diferentes tipos de cambio fijos y sus respectivas devaluaciones periódicas-llevaron a la baja competitividad de los productos venezolanos y a la disminución de las exportaciones diferentes al petróleo, y cuando el precio de éste cae pues el panorama no es el mejor. Por el lado monetario, aunque ha habido una fuerte caída de las reservas internacionales, el gasto público se sigue financiando con emisión y esto poco o nada ayudó al control de la inflación. 

En el caso de Argentina la inflación parece tener cuatro  causas principales: efecto monetario, efecto cambiario, desincentivo a la inversión y expectativas. En los últimos años el gasto público se ha financiado con emisión monetaria básicamente, por lo que la inflación parece ser un fenómeno monetario, como diría Friedman. Las devaluaciones sostenidas desde el 2004 encarecen todo lo que se compre en dólares, es decir, las importaciones contribuyen a la inflación. Por otro lado, las condiciones para la inversión de las empresas no son las mejores por lo que la oferta de bienes es menor que la demanda, lo cual genera inflación y, por último, las expectativas de inflación futura de los agentes hacen que estos mismos ajusten precios al alza.

Ahora vayamos al otro extremo, a la deflación. Desde los años 90 del siglo pasado Japón está en lo que se denomina “trampa de la liquidez” que lleva a la “trampa de la deflación”. La causa principal es que las tasas de interés promedio de Japón-incluida la de intervención del banco central- están en cero. Sin embargo, la cultura japonesa incentiva el ahorro de las familias y los hogares se endeudan mucho menos que en otros países desarrollados, lo que lleva a que estos ahorros se inviertan en muchos activos, pero especialmente papeles de deuda del gobierno. Japón es el país con mayor deuda soberana como porcentaje del pib (249,6%), pero la mayoría de acreedores de esta deuda  son los mismos japoneses. En los últimos años, especialmente después del terremoto del 2011 Japón ha incentivado diversos sectores de la economía a través de emisión monetaria, pero la demanda interna sigue estancada. Las ventas de la mayoría de empresas japonesas es al exterior.

Ahora la sombra de la “Trampa de la deflación” ha llegado a la Unión Europea. Los síntomas son los mismos: tasas de interés cercanas a cero y poca maniobrabilidad con las tasa de intervención de corto plazo. Por este motivo y ante una Europa con bajísimas tasas de crecimiento económico no había otra alternativa más que relajamientos cuantitativos (Quantitative Easing), es decir, compras de papeles de deuda soberana por parte del Banco Central Europeo (BCE). Esta es la última herramienta de políticas monetarias expansivas que le queda a Europa. A Estados Unidos le funcionó y comienza a crecer a tasas que, aunque bajas, no tanto como en los años anteriores.

Tanto en los países con altas inflaciones como en los que están entrando en deflación las políticas monetarias han sido bastante activas. La diferencia es que en Venezuela y Argentina las expansiones monetarias financian el gasto público, mientras que en Japón y la Unión Europea las expansiones monetarias están enfocadas en compra de papeles de deuda soberana. Unas expanden la demanda vía gasto público las otras incentivan el mercado de capitales.