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ANALISTAS Cómo se destruye un país
sábado, 8 de febrero de 2014
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La economía de Venezuela venía mal aún antes de la llegada de Hugo Chávez al Gobierno, pero su ascenso no significó un cambio positivo para ella; cuando Chávez asumió la presidencia, la producción de petróleo era de 3,3 millones barriles diarios, hoy esa producción ha descendido a 2 millones 773.000 barriles.

Los precios del petróleo también han sufrido variaciones sustantivas; para 1998 el precio en promedio fue de US$14,42 el barril, en 2009 estuvo en US$79,36 y en 2012 se vendió en  alrededor de US$100. Con el precio del petróleo a US$147 por barril en julio de 2008, el derroche en el gasto público se incrementó; La Venezuela que recibió Chávez tenía 21 ministerios, hoy tiene 31. Así mismo, Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) que tenía 40.000 puestos de trabajo en 1999 hoy tiene más de 145.000; el gigantismo y la ineficiencia de la burocracia no se hicieron esperar. 

Venezuela es uno de los países con mayores racionamientos de energía fruto del desgreño administrativo y la ausencia de construcción de bienes públicos como hidroeléctricas. El socialismo del siglo XXI gracias a sus políticas de nacionalización, control de precios, acoso a las industrias y empresas, terminó destruyendo miles de puestos de trabajo, muchos de los cuales debió asumir el Estado, creando entre otras cosas cientos de programas subsidiados. 

En 1998 la tasa de desempleo era de 11,2%, el empleo informal estaba en 49,8%, la inflación, supuestamente moderada (inferior a la esperada), había sido de 29,9%. En los últimos años la inflación se ha disparado, siendo de 225,5% acumulada entre el año 2000 y 2008 y de 398% acumulada entre 2008 y el 31 de diciembre de 2013. 

Mientras que en 1998 las exportaciones crecían apenas en 1,4%, las importaciones lo hacían en 3%, el sector manufacturero había caído 5%, al igual que caía la producción del sector agrícola, la construcción, el comercio y el transporte. Para  2012 el mercado venezolano contaba con un porcentaje de dependencia de las importaciones supremamente alto, pues 65,7% de la demanda se satisface gracias a estas, las cuales tuvieron un crecimiento de 26,8%; mientras que las exportaciones crecieron solo en un 4,9%.

Aunque en 1998 la tasa de pobreza estaba en 49,3%, en 2011 quedó en 33,2%, a partir de 2007 se ha mantenido en torno a 32-33% y ha dejado de disminuir; es evidente entonces que las políticas públicas, dirigidas no solo a incrementar la demanda interna sino también a atacar la pobreza vía transferencia de ingresos, subsidios para el consumo de alimentos (especialmente mediante controles de precios e importaciones de alimentos), y para los servicios de salud, educación y transporte, han dejado de funcionar en cuanto a reducción de pobreza. Ante la imposibilidad de reducir el gasto público, el Gobierno continúa apelando a mecanismos inflacionarios y a devaluaciones para cubrirlo aumentando la presión sobre sí mismo para mantenerlo. Es tal la escasez que el mismo Gobierno tiene que comprar los productos para que en los mercados haya cómo satisfacer las necesidades de los venezolanos.

El Gobierno venezolano ha perdido de vista la importancia de estimular la industria y para esta es difícil acceder a materias primas. A esto último se le suma la inseguridad jurídica, pues el gobierno expropia o nacionaliza sus empresas y las lleva a la quiebra por malos manejos. Este desastre económico ejemplo del socialismo del siglo XXI, es lo que los señores de las Farc aspiran imponer en Colombia.