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ANALISTAS Brasil 2014: entre la opulencia y la necesidad
viernes, 30 de mayo de 2014
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Este año se llevará a cabo la cita deportiva más popular del mundo: la Copa Mundial de la Fifa Brasil 2014. Son tan altas y exorbitantes las sumas de dinero que giran en torno al deporte rey, que vistas por si solas pueden pasar inadvertidas, pero que agrupadas en el Mundial y comparadas con las necesidades básicas insatisfechas del pueblo colombiano, o del brasileño mismo, terminan por ser escandalosas, injustas y hasta inverosímiles. 

Es que las protestas de los habitantes en el país anfitrión no se han hecho esperar; mientras se hacen evidentes los problemas sociales y económicos en la primera potencia económica suramericana y la séptima el mundo, el gobierno de Brasil reveló que el costo de realizar el mundial será aproximadamente de US$15.000 millones, poco más de $30 billones. Con esta “menuda”  se podría construir en Colombia viviendas dignas para unas 600.000 familias, alrededor de 3.000 instituciones educativas permitiendo el cupo a 4 millones de niños (educación preescolar, básica y media) o la construcción y dotación de 2.500 hospitales de primer nivel. 

La inconformidad que tienen los cariocas con el salario mínimo de 724 reales al mes, equivalentes a US$306 mensuales, apenas contrasta con los salarios de las grandes estrellas del fútbol que se reunirán en el evento orbital.  

Si revisamos, por ejemplo, los ingresos del futbolista mejor pago actualmente según la revista ‘France Football’, nos encontramos que el astro argentino Lionel Messi recibe anualmente un promedio de 40 millones de euros, incluyendo salarios y primas por publicidad. Ello quiere decir que si el jugador tuviese un acto de caridad y donara tan solo un mes de sus ingresos, permitiría la educación universitaria con becas completas a 200 universitarios durante los 5 años que dura una carrera profesional, el pago por un año de pólizas de salud a 3.000 ciudadanos o garantizaría el sustento anual de 1.000 familias de escasos recursos.

Cualquiera puede hacer sus propias cuentas e imaginarse lo que se podría comprar, construir o pagar con los 7.127 millones de euros que se estima están valorados los jugadores de las 32 selecciones participantes, lista encabezada por España. Según la firma consultora Pluri, el combinado español está valorado en 734 millones de euros, seguido por Brasil y Argentina, con 708 y 597 millones de euros respectivamente.

Con este panorama, algún desprevenido y desconocedor de fútbol se preguntará si es razonable invertir en un evento de tal magnitud,  cuando se podrían realizar obras que a simple vista tendrían un mayor impacto sobre la calidad de vida de sus pobladores.

Pues bien, el gobierno brasileño estima que el gasto de los turistas compensará con las inversiones realizadas; además, el país quedaría con un importante legado en obras públicas, sistemas de transporte, aeropuertos, estadios y otras obras de infraestructura. Pero, ¿cómo no va a compensar la inversión?, si los amantes del fútbol son capaces de pagar el precio que sea, con tal de no perderse el partido de su selección.  Es que sin darnos cuenta,  todos tenemos que ver con la economía y las cifras que mueve el Mundial, directamente comprando paquetes mundialistas, tiquetes aéreos, hoteles y entradas a los estadios, o, indirectamente, anteponiendo incluso gastos necesarios de nuestro diario vivir con tal de cambiar el televisor, que todavía sirve, por uno de mayores dimensiones para tener una mejor vista de los encuentros, adquirir una suscripción a señal satelital que no necesitamos, para poder tener los 64 partidos en exclusiva, comprar la camiseta oficial, llenar el álbum o demostrar los conocimientos en fútbol,  jugando las famosas “pollas”.