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ANALISTAS Análisis ligeros conducen a conclusiones equivocadas
domingo, 5 de abril de 2015
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Con el ánimo de contribuir al sano debate en torno a la caficultura colombiana, quisiera comentar algunas opiniones expuestas por el doctor Eduardo Lora en su reciente columna de la revista Dinero publicada el pasado 30 de marzo. En ella sostiene que a los caficultores se les extraen parte de sus ingresos en pro de la “estabilización de los ingresos del Fondo Nacional del Café, de los cuales depende laFederación”. Señala, además, que la contribución cafetera (6 cUSD/lb) es un ingreso que pierde el caficultor y que además se le impone un descuento adicional para asegurar la rentabilidad de los activos del Fondo en las exportaciones que hace la Federación, con lo cual se le impone un impuesto del 15% siendo este regresivo y contracíclico. En la columna en mención, se incurre en varias ligerezas e imprecisiones que es importante aclarar para revisar con mejor criterio el alcance de sus afirmaciones.

En primer lugar, un buen técnico debería saber que las contribuciones parafiscales, a diferencia de los impuestos, son aportes que tienen la virtud de afectar a un determinado grupo o sector económico con el fin de reinvertir en ese mismo sector los recursos recaudados (Ley 101/93). En lo que sí son iguales los dos mecanismos es en que ambos constituyen recursos públicos y en que con ellos se financian bienes o servicios de interés colectivo que el mercado no puede proveer de forma adecuada. Decir entonces que se trata de ingresos perdidos como afirma el doctor Lora, contradice la teoría económica de las finanzas públicas y de la elección social. Evidentemente dado que la contribución cafetera es fija, su proporción con relación al precio es variable en la medida en que éste último es muy dinámico. Por ejemplo, para el viernes 6 de marzo la contribución cafetera de 6 cUSD/lb equivale al 4,4% del valor de cierre del Contrato C para ese día en 136,5 cUSD/lb, mientras que sería el 3,4% para el cierre del 15 de enero (176,6 cUSD/lb). Luego acá no hay nada nuevo, pero independientemente de la proporción la pregunta clave sería la siguiente: ¿cómo recupera el productor los 6 centavos de la contribución? La respuesta es tan evidente y se ha internalizado tanto en el ámbito cafetero que muchas cosas se han considerado como dadas o preexistentes, lo que significa en términos comunes que para algunos analistas los árboles no les dejan ver el bosque. En 2014, los bienes públicos sectoriales que presta la institucionalidad cafetera, y a los cuales pueden acceder sin excepción todos los productores de café, -como son el servicio de extensión, los programas de transformación productiva, la garantía de compra, la investigación científica, el control de calidad, la promoción y el posicionamiento entre otros-, representaron una inversión de 9 cUSD/lb exportada, es decir 1,5 veces más los aportes por contribución. ¿Cómo es posible que la inversión sea mayor a los ingresos? La respuesta es muysencilla: gracias a la gran capacidad de apalancamiento de recursos de terceras fuentes cooperantes que representa la institucionalidad. Pero eso no es todo, los beneficios de los bienes públicos también se reflejan de manera directa en el ingreso de los productores. En 2014, la diferencia entre el Contrato C y el precio ex dock, es decir la prima que recibió el café de Colombia fruto de suposicionamiento en los mercados internacionales fue de 17 cUSD/lb, más del doble de lo que aporta por contribución y esto va directo al precio de compra diario. En suma, los beneficios directos (17 cUSD/lb) más los servicios (9 cUSD/lb), totalizan 26 cUSD/lb, esto es el 15% adicional sobre el promedio del Contrato C en 2014 (177 cUSD/lb) que sería el precio sobre el cual se pagaría al productor si no existiera la institucionalidad. ¿Podría un productor considerado de manera individual, sabiendo que el promedio en el país es de 1,6 hectáreas cultivadas, acceder a estos beneficios o proveerse estos servicios por sí mismo a menores costos? Buena pregunta para Lora y para la Misión que en su informe de 200 páginas no ofrecen una solución contundente.

En segundo lugar, es totalmente equivocado asumir que los costos de exportación descontados al precio interno corresponden a un impuesto al caficultor y más aún que el criterio para su establecimiento sea el de asegurar la rentabilidad del Fondo. Este descuento al precio de referencia, es precisamente esto, los costos de comercialización involucrados en la venta y exportación del café. A cualquier caficultor en el mundo, exista en su país una “institucionalidad cafetera” o no, se le van a descontar estos costos con relación al precio externo. La razón es muy simple, ya que lo que se comercializa en el mercado internacional no es lo mismo que el productor vende en la cooperativa, pues hay un proceso de agregación de valor. En otras palabras, en ningún país del mundo es posible transformar el café pergamino seco en café verde excelso, almacenarlo,trillarlo, clasificarlo, empacarlo, asegurarlo, embalarlo y llevarlo hasta el puerto a costo cero. Ahora bien, ¿son estos costos los más bajos del mercado? Lora no aporta ningún dato certero sobre el particular para asegurar que no lo son. Pero sabemos que la Federación a través de Almacafé genera economías de escala al integrar verticalmente todo este proceso logístico en una sola intermediación, y conocemos de sobra por el mercado de agroinsumos que cuanto mayor es la intermediación mayores son los costos al productor. En cualquier caso, los costos incorporados en el precio de referencia no determinan un precio fijo para el mercado, sino que le proporcionan al productor información relevante acerca de su decisión de venta. El productor se encuentra en total libertad de vender por encima de este precio al mejor postor en el mercado, como en efecto sucede. Una comparación reciente de los precios diarios de más de dos millones de facturas registradas en el programa PIC, demostró que sin importar el tamaño de la transacción el productor recibe precios más altos consistentemente frente al precio de referencia diario. Entonces podemos asegurar que la garantía de compra genera incentivos para que los compradores de café no abusen de su posición dominante en el mercado y para que los productores reduzcan sus costos de transacción al contar con información relevante acerca de los precios y con un comprador en el mercado local, que le paga de contado con bonificaciones de calidad sin importar el volumen transado y a precios de mercado. Esto es lo que hace que el mercado de café sea competitivo, como bien reconoce la Misión en su informe.

En tercer lugar, señala la citada columna que las condiciones sociales no son mejores en las zonas cafeteras y que los cafeteros no cuentan con seguridad social. Qué más quisiéramos que la contribución cafetera alcanzara para garantizar la seguridad social de 500 mil familias productoras y de cerca de 2,2 millones de habitantes rurales que viven de la actividad, pero como no es así y además esta es una responsabilidad del Estado, lo que sí puede ofrecer la institucionalidad es una importante capacidad organizativa y de gestión para que los cafeteros e inclusive los jornaleros/recolectores puedan acceder con mayor facilidad a mecanismos dispuestos por el gobierno como los BEP o el régimen subsidiado de salud, lo que en efecto hace parte sustancial del nuevo plan estratégico del gremio.

Al respecto una cuenta de servilleta: la seguridad social (salud, pensión, ARL) de una persona que devenga un salario mínimo está por el orden de los $140.000 al mes, $1,7 millones al año, para 500.000 productores equivalen a $850.000 millones al año, más de ocho veces la contribución cafetera. Sería importante entonces que nos diga el doctor Lora, ¿qué producto agrícola en el país o en el mundo tienegarantizada la seguridad social para la totalidad de los productores rurales y si esto sería posible de lograr sin una capacidad organizativa entre los mismos? De nuevo una pregunta crucial para el informe de la Misión Cafetera.

Concluye este domingo la Semana Mayor. La inmensa familia cafetera ha asistido a las piadosas representaciones de la muerte y resurrección de Jesucristo. De ellas se adquieren profundas enseñanzas que nos hacen actuar con generosidad, nos recuerdan los valores de la humildad, el amor al prójimo, el perdón, la conciliación y nos hacen ver con claridad que la vida que tenemos tiene un fin y que ésta no debe ser desperdiciada engañando a los demás sino haciendo el bien a todos nuestros hermanos. Recordemos las palabras del Evangelio de San Lucas: “Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar escondido, sino en lo alto para que los que entran tengan luz”.

Que tengan una feliz semana