sábado, 1 de febrero de 2014
  • Agregue a sus temas de interés

Expansión - Madrid

Inspirándose en hojas de árboles que encuentra en bosques y jardines, Marta Blázquez diseña piezas que reproducen su forma, textura y hasta movimiento. Las vende acompañadas de semillas, turba y una maceta.

Antes de modelar y fundir hay que recolectar. Es lo que hace la diseñadora nacida en Madrid en 1976, joyera botánica que diseña las piezas de La Huella del Bosque.

La licenciada en historia del arte y técnico especialista en joyería y gemología, aprovecha sus paseos por la sierra madrileña y las incursiones en jardines de amigos para estudiar hojas que en su taller se transforman en colgantes, pendientes y gemelos. La última incorporación a su herbario de plata (entre US$40 y US$68). Y todo por una asignatura cuatrimestral de etnobotánica que la introdujo “en un laboratorio, mirando plantas con lupa y haciendo clasificaciones según sus usos”, dice la experta.

Fue en 2011 cuando aquellas joyas que hacía para ella misma y por encargo para conocidos, adquirieron forma de colección con una docena de variedades vegetales: roble, arce, haya, olmo, aliso, y encina... “a petición de la gente he ido ampliando, porque me preguntaban por hojas específicas. En este tiempo he descubierto que hay muchas personas que tienen un vínculo, una conexión especial con un árbol, quizá bajo el que jugaban en casa de un abuelo, el de un bosque que visitaron... Y casi compran o regalan las piezas por una cuestión sentimental, e incluso por las semillas”, explica.

Si algo distingue sus joyas, además de la detallada belleza, es su presentación jardinera.