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El festival más influyente del mundo llega con entradas agotadas, precios de reventa que superan los US$1.000 y una edición con headliners femeninas
Coachella 2026 llega con una certeza para los fanáticos, entrar al festival será más caro y difícil que en años anteriores. A pocos días del inicio del evento, las boletas ya están agotadas y la demanda se ha trasladado a la reventa y a las listas de espera, donde los precios se han disparado justo en una edición que tiene como uno de sus mayores atractivos la presencia de Karol G como headliner.
El festival se realizará durante dos fines de semana, del 10 al 12 y del 17 al 19 de abril, en el Empire Polo Club de Indio, California, con un cartel encabezado por Sabrina Carpenter, Justin Bieber y Karol G. Pero más allá del lineup, una de las grandes conversaciones alrededor de esta edición está en el costo de acceso.
La reventa oficial muestra que los pases generales de tres días para el primer fin de semana y las admisiones generales con shuttle rondan los US$1.000, mientras que los VIP comienzan desde US$1.630. Para el segundo fin de semana, los precios bajan un poco, pero siguen altos: los pases generales arrancan en US$815 y VIP desde US$1.130.
La diferencia frente a los precios originales deja ver la magnitud del aumento. Cuando las entradas salieron a la venta en septiembre, los pases generales de tres días arrancaban en US$649 para el primer fin de semana y en US$549 para el segundo.

En VIP, los precios de salida eran de US$1.299 para el primer fin de semana y US$1.199 para el segundo. Eso significa que, en reventa, un pase general del primer fin de semana puede costar cerca de US$351 más que su precio inicial, mientras que en el segundo el incremento también es considerable.
Ese comportamiento confirma una dinámica ya conocida en Coachella: el primer fin de semana suele ser más costoso y codiciado, mientras que el segundo ofrece precios relativamente más bajos, aunque también puede encarecerse si la conversación digital y las presentaciones de los primeros días elevan más la demanda.
La presión sobre la boletería no se explica solo por el peso histórico del festival, sino también por el cartel de este año. Karol G es una de las razones centrales. La artista colombiana se convirtió en la primera del país en encabezar Coachella, un hecho que la instala como uno de los mayores símbolos de esta edición y que ha contribuido a elevar la expectativa.
Pero entrar a Coachella no implica solo pagar una boleta más cara. También hay costos adicionales que elevan la cuenta total del asistente. El pase de shuttle para el segundo fin de semana costaba US$150 al 1 de abril; los lockers arrancaban en US$89 por todo el fin de semana; y el car camping seguía disponible desde US$180, mientras que las opciones con conexión eléctrica y servicios mejorados llegaban a US$700. En comida, los precios dentro del festival se ubican usualmente entre US$18 y US$25 por plato.
Para quienes no logren conseguir entrada o simplemente no quieran asumir esos costos, el festival mantendrá su transmisión a través de YouTube, donde se podrán seguir varios escenarios en simultáneo.
Desde el 2 de abril está abierto, con 131 habitaciones y suites, residencias privadas, ocho restaurantes y bares, spa Umari, piscinas panorámicas y espacios para eventos
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