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El cambio generacional pondrá a prueba al mercado con una oferta histórica de obras y una nueva generación de herederos que, en muchos casos, no quiere conservarlas
El mercado del arte se enfrenta a una transformación sin precedentes. Durante la próxima década cambiarán de propietarios obras valoradas en cerca de US$1 billón, como consecuencia del relevo generacional de los baby boomers, nacidos entre 1946 y 1964, una generación que impulsó el mayor auge del coleccionismo privado en la historia reciente.
El fenómeno representa uno de los mayores retos para el sector artístico. Miles de colecciones familiares pasarán a manos de hijos y nietos que, en muchos casos, no tienen interés en conservarlas ni cuentan con el espacio, el conocimiento o los recursos para administrarlas. El resultado podría traducirse en un aumento de las ventas, donaciones e incluso del abandono de una parte importante del patrimonio artístico acumulado durante décadas.
El crecimiento del coleccionismo estuvo estrechamente ligado al poder adquisitivo de los baby boomers. Según cifras citadas por McKinsey, este grupo elevó su gasto de US$3 billones en 1985 a US$7 billones en 2005, impulsando una expansión sin precedentes del mercado del arte. Ese auge también se reflejó en la oferta. En Nueva York, por ejemplo, el número de galerías pasó de unas 150 en 1946 a cerca de 600 a comienzos de este siglo. Al mismo tiempo, la base de datos de Artnet, plataforma líder para comprar, vender e investigar obras de arte, pasó de registrar 8.300 artistas en 1988 a más de 90.000 en 2012, una muestra del crecimiento que experimentó la industria durante esas décadas.

Sin embargo, la realidad actual es distinta. Para muchos herederos, conservar grandes colecciones implica elevados costos de almacenamiento, seguros y conservación, mientras que venderlas tampoco resulta sencillo. Salvo en el caso de artistas ampliamente consolidados, encontrar compradores para obras de creadores fallecidos suele ser un proceso lento y complejo.
El desafío tampoco termina con la herencia. En muchos casos, mantener vivo el legado de un artista exige años de trabajo para organizar exposiciones, gestionar donaciones a museos, crear archivos digitales y encontrar galerías interesadas en representar su obra. Incluso después de ese esfuerzo, buena parte de las piezas permanecen almacenadas durante años sin encontrar compradores, una situación que ilustra las dificultades que enfrentan miles de familias alrededor del mundo.
De acuerdo con Philip Hoffman, fundador de Fine Art Group, la mayoría de las nuevas generaciones no ha definido qué hará con las colecciones heredadas y, en muchos casos, simplemente no está interesada en continuar con ese legado. La firma administra alrededor de 350 colecciones familiares en 28 países, una experiencia que refleja un cambio en las preferencias de los nuevos coleccionistas.

Los especialistas advierten que el mercado tampoco está preparado para absorber una transferencia patrimonial de esta magnitud. Aunque las grandes casas de subastas ofrecen soluciones para las colecciones multimillonarias, la mayoría de los herederos debe recurrir a pequeñas subastas o liquidadores especializados, donde las posibilidades de obtener el valor esperado por las obras suelen ser menores.
La otra alternativa suele ser la donación a museos, aunque esa posibilidad también enfrenta dificultades. Muchas instituciones ya cuentan con más obras de las que pueden exhibir y sus costos de almacenamiento, seguros y conservación continúan aumentando. Tras la pandemia, además, numerosos museos redujeron presupuestos, endurecieron sus políticas para aceptar nuevas piezas e incluso comenzaron a solicitar aportes económicos junto con las donaciones para cubrir los gastos de mantenimiento.

A este panorama se suma un cambio en los gustos del mercado. Las nuevas generaciones muestran mayor interés por artistas contemporáneos, mujeres y propuestas más diversas, mientras que parte del arte moderno que marcó el coleccionismo del siglo XX pierde protagonismo frente a nuevas tendencias. Para algunos analistas, este relevo generacional coincide además con una transformación cultural impulsada por la era digital, que podría redefinir qué obras conservarán su valor histórico y comercial en las próximas décadas.
Los especialistas consideran que el impacto no será inmediato, ya que muchos baby boomers continúan comprando arte. Sin embargo, a medida que avance el relevo generacional, aumentará la presión sobre un mercado que deberá absorber una cantidad histórica de obras. Aunque una parte de estas colecciones encontrará nuevos compradores o ingresará a museos, otra podría terminar almacenada durante años o desaparecer del circuito artístico.
El desafío para el sector no será únicamente comercial, sino también cultural: decidir qué obras conservarán su lugar en la historia. Además, el reto va más allá de distribuir una oferta sin precedentes; también será encontrar nuevos coleccionistas capaces de dar continuidad a ese legado. El resultado definirá el futuro de miles de obras que permanecen hoy en manos de una generación que comenzó a despedirse.
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