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DEPORTE

La Premier League logró conquistar el mundo entero, ¿a qué precio lo hizo?

domingo, 13 de septiembre de 2026

Premier League

Foto: Bloomberg

Impulsados ​​por los derechos de transmisión a nivel mundial, se espera que los ingresos conjuntos de los 20 clubes de la Premier League alcancen los US$9900 millones

Bloomberg

Dos horas antes del enfrentamiento más importante de la temporada de la Premier League para su equipo, Stefan Basiuk reflexiona sobre toda una vida apoyando al Everton FC. Este club de Liverpool, uno de los más históricos de Inglaterra, ha atravesado numerosas dificultades en los 31 años transcurridos desde que ganó su último gran título.

Sin embargo, los acontecimientos recientes han puesto a prueba la paciencia incluso de los aficionados más leales. Una gestión desastrosa del mercado de fichajes dejó al equipo con solo 18 jugadores inscritos, mientras que el entrenador reveló que nunca había hablado con el multimillonario propietario estadounidense del club. A esto se suman las quejas —no exclusivas del Everton— sobre la creciente comercialización del fútbol, ​​que hace sentir a algunos seguidores que sus clubes ya no los valoran.

“Los aficionados han mantenido vivo a este club”, afirma Basiuk, director de ventas de una empresa tecnológica global que trabaja con instituciones financieras y que recorre Inglaterra para apoyar al Everton. “Son una parte esencial. Nada sería posible sin esta afición”.

Mientras la Premier League se asienta en su 35.ª temporada desde su separación de la antigua Football League en 1992, se ha consolidado como un gigante deportivo indiscutible, un imán para inversores que van desde los estados del Golfo hasta adinerados estadounidenses. Pero, a medida que el dinero inunda la liga de fútbol más rica del mundo, esta se enfrenta cada vez más a una cuestión existencial: ¿cuánto más se puede exprimir el “deporte del pueblo” antes de que se agote el jugo?

Impulsados ​​por los derechos de transmisión a nivel mundial, se espera que los ingresos conjuntos de los 20 clubes de la Premier League alcancen los 8500 millones de euros (US$9900 millones) al final de esta temporada; una cifra casi el doble de la que registra la siguiente liga de fútbol más valiosa, La Liga de España. Muchos jugadores perciben salarios de cientos de miles de libras semanales y las cifras de los traspasos siguen batiendo récords, lo que alimenta las quejas sobre la creciente brecha económica entre los clubes más ricos y los equipos de menor categoría o de otras divisiones. Los clubes de la Premier League gastaron 3490 millones de libras (US$4.720 millones) en jugadores durante el reciente mercado de fichajes, superando su propio récord.

La magnitud de todo esto hace temer a muchos aficionados que los clubes históricos se estén alejando demasiado de sus raíces comunitarias y de su cultura de clase trabajadora. Los propietarios siguen aumentando el precio de las entradas, creando nuevas zonas de asientos exclusivos y buscando constantemente mayores ingresos. Se trata de dinero que, en teoría, garantiza que los equipos salgan al campo con jugadores de talla mundial. Sin embargo, también genera preocupación en el ámbito del fútbol inglés ante la posibilidad de que el legado de sus clubes quede cada vez más sepultado con el paso de los años. El año pasado, el gobierno del Reino Unido creó un organismo regulador para supervisar este deporte, con el objetivo declarado de garantizar que los clubes sean financieramente sostenibles y estén protegidos como activos de la comunidad.

La inquietud se intensificó cuando Gianni Infantino, presidente de la Fifa, lanzó un plan —finalmente frustrado— para vender una participación en la Copa del Mundo tras el torneo de este verano, durante el cual los elevados precios de las entradas impidieron asistir a muchos aficionados incondicionales. Andy Burnham —aficionado del Everton— ha expresado abiertamente quiénes deben ser la prioridad. «El fútbol no pertenece a los inversores», declaró en respuesta a la propuesta de la Fifa. «Pertenece a las personas que llenan las gradas y que permanecen al pie del cañón semana tras semana, haga sol o llueva».

«El dinero no es malo. No puedes querer un Ferrari y no estar dispuesto a pagarlo. Así que hay que ceder en algo», afirma Basiuk. «Encontrar ese punto medio es algo realmente complicado».

El difícil camino del Everton

El dinero y el fútbol son viejos compañeros de viaje. De los 20 clubes que integran la actual Premier League, casi la mitad ya militaba en la antigua Primera División inglesa hace un siglo. Durante la mayor parte de su trayectoria en la antigua Football League, estos clubes estuvieron controlados por ingleses adinerados. En la década de 1960, el Everton se benefició de la generosidad de John Moores, quien amasó una fortuna con las apuestas deportivas y creó el imperio minorista Littlewoods antes de convertirse en directivo y, posteriormente, en presidente del club. Hoy en día, 16 de los 20 clubes de la Premier League son propiedad de inversores extranjeros o están controlados por ellos; más de la mitad están total o parcialmente en manos estadounidenses. El mes pasado se confirmó que Jeff Bezos figuraba entre los inversores de un grupo liderado por el millonario británico-indio Amit Bhatia que adquirió una participación en el Liverpool FC, el acérrimo rival local del Everton. El Everton es propiedad del multimillonario estadounidense Dan Friedkin, cuyo consorcio —con sede en Texas— también es dueño del AS Roma, club de la Serie A italiana.

Paul Quinn, aficionado del Everton que escribe sobre las finanzas del fútbol y asesora a clubes de la Premier League, sostiene que estas inyecciones de capital extranjero están en el origen de las tensiones, cada vez más evidentes, entre los clubes y los aficionados. «A medida que el fútbol se ha ido institucionalizando —en el sentido de atraer capital institucional—, se ha alejado de su esencia», comenta Quinn. «En el momento en que se espera obtener un rendimiento económico, dicho rendimiento es, por definición, extractivo. Tiene que serlo».

El nuevo estadio del Everton, situado junto a los muelles, cuenta con una fachada de cristal resplandeciente que refleja el agua y permite que la luz llegue directamente al terreno de juego. Aunque se encuentra a solo 3,2 kilómetros (2 millas) de distancia, el ambiente es muy distinto al de la antigua estructura de ladrillo y las gradas empinadas de Goodison Park, el hogar del equipo desde 1892 hasta 2025 y que sigue siendo la sede del Everton Femenino. En todo el recinto se aprecian referencias a la historia del Everton, especialmente a lo largo de «Everton Way», un paseo junto a los muelles que incluye 36.000 losas personalizadas con mensajes de los aficionados y homenajes a grandes jugadores del pasado del club. De forma más sutil, el club señala que la grada sur —de gran inclinación— está dispuesta con un ángulo de 34,99 grados respecto a la horizontal (un margen mínimo por debajo del límite legal) para recrear la experiencia, famosa por provocar vértigo, de ver un partido en el antiguo Goodison Park.

En los alrededores del estadio, la mezcla de lo antiguo y lo nuevo resulta aún más evidente.

Los muelles de Liverpool fueron en su día los más activos del mundo, y los espectadores que acceden al estadio atraviesan puertas abiertas en muros de piedra que datan de 1848. Al otro lado de la calle se alza el imponente Tobacco Warehouse, un gigantesco edificio de ladrillo que se está reconvirtiendo en apartamentos de lujo, comercializados con un eslogan sencillo: «Sueña a lo grande». Diseminados por las antiguas calles adyacentes, han surgido nuevos bares para atender a los aficionados los días de partido.

Es en uno de estos locales donde Basiuk y sus amigos calientan motores antes del encuentro. «A la Premier League, como institución, le costará controlar el producto a medida que vaya vendiendo sus activos a inversores extranjeros», afirma Daniel Stewart, seguidor del Everton de toda la vida y directivo de la aseguradora estadounidense Gallagher, con sede en Manchester. «Probablemente, más de la mitad de los clubes de la Premier League sean propiedad de empresas o fondos de inversión estadounidenses. Así que, de cara al futuro de la Premier League, podrían producirse muchos cambios que quizás el aficionado local no valore ni le gusten».

En algunos clubes, estos cambios ya son fácilmente perceptibles. El rival del Everton en esta jornada es el Manchester United, uno de los clubes más famosos del país y una marca de alcance mundial, aunque no gana la Premier League desde 2013. Actualmente gestionado por el multimillonario británico del sector químico y copropietario Jim Ratcliffe y su grupo Ineos, el United mantiene una relación a menudo conflictiva con sectores de su afición.

Durante el verano, a algunos abonados se les canceló el abono por incumplir supuestamente las normas de transferencia de entradas. A otros

los reubicaron para dejar sitio a zonas de asientos *premium*. Indignados, los aficionados planean protestas. «Había un grupo de abonados detrás

del banquillo. El United los desplazó porque quiere utilizar esa zona para servicios de hospitalidad», explica Graham Davis, de 76 años, que asistió al partido en el campo del Everton. «Esa gente llevaba allí 60 o 70 años y los han reubicado». Carly Lyes, presidenta del grupo de aficionados locales del MUFC —que representa a los seguidores que viven cerca del estadio del club, Old Trafford—, habla de una «notable disminución en la atención a los aficionados desde la llegada de Ineos». Esto ha provocado «la desintegración de comunidades bien consolidadas dentro del estadio». Los precios de las entradas han subido tanto para los niños como para los abonados. «El club no reconoce el impacto que esto tiene en los aficionados», afirma Lyes. «Creen que se trata simplemente de un juego de construcción que pueden reorganizar a su antojo».

En un comunicado, la Premier League declaró que se reúne y realiza encuestas periódicas a los aficionados para tratar cuestiones como la venta de entradas, el calendario de partidos y la tecnología del videoarbitraje (VAR). El Manchester United declinó hacer comentarios.

Cabe señalar que, si bien los aficionados pueden estar descontentos y algunos optan por no asistir, los estadios de la Premier League suelen llenarse. La gran demanda implica que hay muchas personas dispuestas a pagar precios elevados por las entradas, mientras que el coste de las localidades para los aficionados visitantes está limitado a 30 libras. Los días de partido, los trenes van abarrotados y los centros de las ciudades se llenan de espectadores que lucen costosas réplicas de las equipaciones. La Premier League sigue siendo el hilo conductor que da forma y textura al calendario deportivo de Inglaterra.

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