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Mercado de las cirugías estéticas
Procedimientos casi que indetectables y el rejuvenecimiento preventivo, serán los que marquen la moda de quienes aman los tratamientos de belleza
La medicina estética entra en 2026 con un cambio de mentalidad que se nota en consulta: no es tanto "más y más", sino mejor, con más criterio y con menos ruido. Sigue creciendo la demanda, sí, pero la tendencia se desplaza hacia una estética más consciente: resultados que se ven, pero no se delatan; planes a medio plazo en lugar de impulsos; y una prioridad clara por la seguridad, la coherencia médica y la preservación de la identidad. Dicho de otra forma: el reto ya no es parecer otra persona, sino verse mejor sin dejar de reconocerse.
Quien lo resume con claridad es el doctor Sergio Quintero, médico estético y director de la clínica española Elegance Medical, que se ha consolidado como uno de los referentes en ese país en el uso del láser Endolift y en procedimientos que combinan rigor científico y respeto absoluto por la individualidad, especialmente en la redefinición del contorno mandibular y el tratamiento del doble mentón.
Su lectura sobre 2026 parte de lo que está viendo en el día a día: pacientes más informados y selectivos, menos dispuestos a "soluciones exprés" y mucho más centrados en la naturalidad. "Cada vez más pacientes buscan verse mejor sin que nadie perciba que se han sometido a un tratamiento", explica. Y esa frase funciona como brújula para entender hacia dónde va el mercado: más allá de la tecnología, la tendencia de fondo es cultural, hacia una medicina estética cada vez más médica, con un enfoque clínico, riguroso y honesto basado en diagnóstico, planificación y respeto absoluto por la individualidad.
Con ese contexto, aseguró que se verá una estética más responsable, menos impulsiva y menos estandarizada, centrada en acompañar el envejecimiento con sentido común, sin borrar la identidad. Porque, al final, lo verdaderamente moderno no es cambiar caras: es cuidarlas sin borrar la historia que cuentan. Con ese marco, Quintero nos cuenta las tendencias que van a predominar durante el año que acabamos de estrenar.
La primera gran tendencia es una búsqueda casi unánime: cambios sutiles, armónicos y progresivos. "Se trata de una estética invisible que apuesta por la armonización sutil, donde el objetivo no es la transformación radical sino la revitalización natural del rostro y cuerpo", indica Quintero.
Según su experiencia clínica, "más de 70% de los pacientes priorizan la naturalidad frente a cambios visibles", y añade que, hoy, los procedimientos no quirúrgicos concentran "más de 80%" de la demanda en medicina estética avanzada. En este contexto, ganan protagonismo técnicas que mejoran la calidad de la piel y refuerzan la firmeza sin "marcar" el rostro, apostando por una armonización progresiva y discreta.
Quintero señala que esta búsqueda de resultados naturales ha impulsado especialmente tratamientos mínimamente invasivos como el lifting facial láser con Endolift o el láser CO₂ fraccionado, procedimientos orientados a la estimulación de colágeno y la retracción cutánea desde el interior, sin cirugía y sin tiempos prolongados de recuperación.
Si antes el rejuvenecimiento se asociaba al "relleno", ahora el foco se mueve a estimular. Quintero lo describe como un enfoque biológico: combinar tecnologías para mejorar textura, elasticidad y densidad cutánea de dentro hacia fuera. Habla de sinergias entre láseres, ultrasonidos focalizados, bioestimuladores y tratamientos regenerativos (como exosomas) para abordar el envejecimiento "de manera integral".
El objetivo no es cubrir, sino activar la capacidad regenerativa. En su práctica, afirma que los tratamientos de bioestimulación y retracción cutánea crecen "aproximadamente 45-50 % interanual", impulsados por pacientes que buscan resultados más duraderos y "médicamente coherentes".
Otra idea que se consolida es la prevención, especialmente entre los 30 y 45 años. "Ya no se espera a que el envejecimiento sea evidente; se actúa antes para preservar estructura, calidad de piel y armonía facial", apunta.
Para Quintero, "el envejecimiento saludable es una aspiración común que exige estrategias personalizadas, rápidas y con mínimos tiempos de recuperación". El matiz es importante: preventivo no significa hacer mucho, sino hacer lo justo y a tiempo, con intervenciones poco invasivas que fortalezcan la piel en profundidad y sostengan un aspecto descansado durante más años.

En 2026, la palabra clave será plan. Quintero lo resume con una idea que cada vez se escucha más en consulta: el paciente ya no llega pidiendo "un retoque" concreto, sino "un diagnóstico médico integral y un plan a medio y largo plazo".
Es un cambio importante, porque desplaza el foco de la moda del momento a lo que realmente importa: la anatomía, la edad biológica, la calidad de la piel, el ritmo de envejecimiento y, sobre todo, los objetivos reales de cada persona. La tendencia -explica- es diseñar protocolos combinados y evolutivos, adaptados a cada caso, para definir contornos, equilibrar volúmenes y mejorar la textura cutánea sin perder armonía ni naturalidad.
En su forma de trabajar, esa hiperpersonalización se apoya en la integración de varias tecnologías. Quintero defiende combinar láser Endolift con otras técnicas como radiofrecuencia o ultrasonidos focalizados (Hifu) para crear un abordaje global: no solo "ver mejor", sino mejorar la calidad del tejido y acompañar el envejecimiento de manera controlada.
La IA aterriza como herramienta de consulta: análisis facial más preciso, planificación más afinada y una mejor predicción de resultados. "La inteligencia artificial será un soporte esencial para optimizar la consulta médica", afirma Quintero, "ayudando a personalizar los procedimientos y a predecir resultados con mayor precisión, además de mejorar la experiencia del paciente".
La idea, insiste, no es sustituir el criterio clínico, sino sumar un aliado para decidir mejor, reducir incertidumbre y elevar la seguridad.
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