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Las grandes caídas de internet durante este año
Ahora, casi toda la computación y la distribución de los contenido se encuentra en manos de AWS, Azure, GCP y Cloudflare, que concentran gran parte del tráfico en el mundo
El pasado martes comenzó como cualquier otro. Millones de personas en el mundo encendieron sus dispositivos, revisaron correos, mensajes y redes sociales. Todo parecía normal hasta que X dejó de cargar, ChatGPT no respondió, Zoom presentó errores, Canva no funcionaba y hasta League of Legends se quedó congelado.
“No me andaré con rodeos: hoy mismo fallamos a nuestros clientes y a internet en general”, escribió Dane Knecht, director de tecnología de Cloudflare, en su cuenta oficial de X. La caída fue causada por un cambio rutinario en un archivo de configuración que terminó afectando toda la red de mitigación de bots de la compañía. “Ese problema, el impacto que causó y el tiempo que tardó en resolverse son inaceptables. Ya estamos trabajando para que no vuelva a ocurrir, pero sé que causó verdaderos inconvenientes”, dijo.
El apagón de Cloudflare no fue un evento aislado. Apenas un mes antes, Amazon Web Services, AWS, sufrió un fallo masivo en su región principal US-East-1, afectando desde bancos hasta aplicaciones de streaming y juegos. Plataformas como Reddit, Snapchat, Venmo, Coinbase y Robinhood quedaron inoperativas durante varias horas. La interrupción dejó en evidencia la dependencia que muchas empresas tienen en la infraestructura de un único proveedor.
En junio de este año, Google Cloud Platform experimentó un bug conocido como “Null Pointer Exception” que dejó fuera de línea a Gmail, Google Workspace y cientos de startups que dependen de su infraestructura. Un mes antes, Starlink sufrió un apagón global de su red satelital que afectó a millones de usuarios durante más de dos horas. Incluso Microsoft Azure reportó ataques y fallos mitigados que afectaron 500.000 direcciones IP, muchas de ellas pertenecientes a dispositivos domésticos de Internet de las Cosas.

Lo que une todos estos incidentes no es el error técnico en sí, sino la centralización extrema de la infraestructura digital. Hoy, casi toda la computación, almacenamiento y distribución de contenido depende de unos pocos gigantes: AWS, Azure, GCP y Cloudflare concentran gran parte del tráfico mundial.
Si 50% de los sitios web dependen de Cloudflare para seguridad o distribución de contenido, un fallo se amplifica de forma exponencial. La automatización, diseñada para acelerar procesos y reducir errores humanos, multiplica cualquier fallo. Un ingeniero comete un error, los sistemas replican la falla en milisegundos y el efecto dominó se extiende por servidores en todo el mundo.
Por si fuera poco, la infraestructura de Internet es en gran parte antigua. Protocolos de enrutamiento como BGP y cables submarinos diseñados hace décadas ahora soportan picos de tráfico masivo impulsados por 5G, inteligencia artificial y streaming en alta resolución. El resultado es que cada fallo, por pequeño, tiene impacto global.
Para Marta Sánchez, VP de Secure Power & Data Center de Schneider Electric, este fenómeno ya es insostenible. “La dependencia de un único proveedor de servicios en la nube o CDN constituye un riesgo crítico para la continuidad del negocio, como han demostrado incidentes recientes a nivel global”, señaló. No se trata de si habrá otra caída, sino de qué tan preparada está cada organización para sobrevivirla.
El corazón de esa preparación, destacó Sánchez, es la transición hacia modelos multicloud o híbridos. “Es clave adoptar arquitecturas que permitan distribuir las cargas de trabajo y los datos entre varios proveedores y entornos”, afirmó. Con esto, las empresas reducen la probabilidad de una interrupción y ganan flexibilidad operativa y capacidad de reacción.
Gustavo Simosa, ingeniero electrónico, puntualizó que la redundancia práctica requiere “respaldos en diferentes regiones y sistemas que puedan activarse automáticamente cuando otro falle”. De acuerdo con el experto, lo que se cae debe ser reemplazado de inmediato por otro sistema ya sincronizado.
Sánchez agregó que estas infraestructuras distribuidas deben gestionarse desde plataformas unificadas y con visibilidad completa en tiempo real. Destacó el rol de tecnologías como EcoStruxure IT de Schneider Electric. “El enfoque predictivo, basado en analítica avanzada e inteligencia artificial, permite detectar anomalías antes de que se conviertan en incidentes”, señaló. Estos sistemas pueden optimizar el rendimiento y la disponibilidad de los centros de datos que soportan servicios financieros, industriales o gubernamentales.
Pero la ejecutiva subrayó que la resiliencia tecnológica no depende únicamente de la nube: la infraestructura eléctrica es otro punto crítico. “La implementación de Sistemas de Ali mentación Ininterrumpida (UPS) de última generación garantiza la estabilidad energética frente a fluctuaciones o cortes, que son una causa común de interrupciones”, explicó.
Otra herramienta es el Edge Computing, que permite procesar datos y ejecutar aplicaciones críticas más cerca de donde se generan o utilizan. Esto reduce la latencia y, lo más importante, disminuye la dependencia de un centro de datos centralizado. “Contar con estas capas, desde el software hasta la energía, crea un ecosistema tecnológico donde la resiliencia está integrada de forma inherente”, aseguró.
Es importante destacar que la tecnología por sí sola no garantiza supervivencia. La resiliencia también requiere planificación organizacional. Esto implica identificar servicios críticos, definir responsables claros y habilitar mecanismos automáticos que activen sistemas de respaldo de manera inmediata. “Las empresas deben pasar de una respuesta reactiva a una proactiva”, agregó. Para ello, es indispensable contar con monitoreo inteligente, alertas tempranas y simulacros periódicos que entrenen al equipo para responder bajo presión.
Los usuarios finales tampoco están del todo indefensos. “La diversificación de accesos es clave: no depender de una única app para comunicaciones críticas”, recomienda. A ello se suman herramientas capaces de funcionar offline y mantener copias locales de la información.
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