jueves, 6 de octubre de 2016
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Violeta Domínguez

Sin embargo, el transporte no es neutro al género; hombres y mujeres tienen diferentes roles sociales y económicos en la sociedad, que están asociados a patrones de uso y desplazamiento, acceso y necesidades de transporte específicas. Por esta razón, la organización del uso del suelo, la disposición física y el diseño del sistema de transporte e instalaciones no los afectan por igual.

Diversos estudios muestran que los patrones de movilidad de hombres y mujeres son distintos. El desplazamiento de las mujeres se ve condicionado por factores tales como la accesibilidad, asequibilidad, eficiencia y la provisión de seguridad física del servicio de transporte público. Las mujeres tienden a realizar una mayor cantidad de viajes debido a los tradicionales roles de género, pues tienen que modificarlos para recoger a los niños, hacer diligencias, ir de compras o asumir otras obligaciones familiares.

También se ha demostrado que la accesibilidad de las mujeres es limitada a pesar de contar con un sistema de transporte, ya que generalmente no está desarrollado y previsto para llevarlas a donde necesitan ir, sino más bien a los destinos que pueden haber sido elegidos por razones económicas.

Si bien el transporte público ha contribuido al empoderamiento de la mujer, también está asociado al acoso y la violencia de género. Las mujeres son más sensibles a los problemas de seguridad, que afectan su movilidad, limitan sus capacidades, su accesibilidad y su participación en los mercados laborales.

Todas las formas de violencia de género tienen una incidencia directa sobre la mujer. Disminuyen su confianza y por ende limitan su habilidad para transportarse libremente en espacios públicos, su acceso a la salud, a oportunidades educativas y al mercado laboral.

Por otro lado, es importante destacar que el sector de transporte está dominado por hombres. Esto contribuye a que las mujeres tengan una influencia limitada en la búsqueda y desarrollo de nuevas estrategias y políticas públicas que aporten al diseño y planificación de proyectos de transporte que sean género-sensitivos e inclusivos.

Lograr una mejor comprensión de las relaciones entre el género, la pobreza, el acceso y el uso del transporte puede ayudar a los tomadores de decisiones a desarrollar estrategias de planificación de transporte más eficaces que respondan a las necesidades de todos los miembros de la sociedad.

Es por ello que CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, comprometido con la inclusión social de la región, ha iniciado un estudio con el fin de recopilar datos sobre el uso y la seguridad personal de las mujeres en el transporte público en tres ciudades de América Latina. Con ello, se pretende ampliar el conocimiento y construir una sólida base de pruebas sobre la planificación del transporte y las operaciones sensibles al género y proporcionar herramientas para las agencias de desarrollo y financiación.

Este será uno de los temas que CAF profundizará en el marco de Hábitat III, la conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible. La inclusión social y la transformación productiva como ejes transversales y fundamentales en la planificación e integración del territorio son algunas de las prioridades de la institución.

La inclusión del enfoque de género en la planificación del sistema de transporte público y la implementación de acciones específicas que reduzcan las barreras de acceso para las mujeres y respondan a sus necesidades, incrementa las oportunidades económicas y con ello la inclusión social.

*Colaboración con Nicolás Estupiñán