jueves, 20 de septiembre de 2012
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Fernando Poveda García

El sector construcción por excelencia ha sido históricamente una de las industrias que ha contribuido significativamente al incremento o caída del Producto Interno Bruto y, por ende, ha sido la actividad que ha mostrado de manera más tangible cómo está la economía de las ciudades; por otra parte, el reciente ofrecimiento de terrenos para la construcción de 6.000 viviendas para el proyecto del Gobierno Nacional, por parte del alcalde de Bogotá Gustavo Petro, da un leve respiro a la industria de la construcción que ha sido un importante generador de empleo.

No obstante, en los últimos meses ha presentado una disminución en su actividad, y para entender las causas, es necesario analizar la industria en sus etapas preliminares.

En el marco de las Normas de Diseño y Construcción Sismo Resistente se han convertido en el norte y en la guía para Ingenieros Calculistas en la concepción estructural de edificaciones, no obstante, la concepción arquitectónica ha sido permisivamente restringida con el Decreto 2083 de 2004 que establece un área mínima de lote de 35 m2 para VIS unifamiliares lo cual ha sido aprovechado por muchos proyectistas arquitectónicos para ofrecer viviendas indignas para quienes las habitan.

Por otra parte, haciendo un análisis del mercado de la vivienda y tomando en cuenta las condiciones legales mencionadas, la oferta del suelo dentro de la ciudad para su construcción es poca, dadas las restricciones establecidas por el Plan de Ordenamiento Territorial y las Curadurías Urbanas. Y a pesar de las facilidades industriales para la provisión de insumos y maquinaria son pocas las personas que están interesadas en la compra de una vivienda, dado que la mayor parte de la demanda de vivienda en Bogotá está determinada por familias de estratos 1 y 2, con ingresos inferiores a los dos salarios mínimos y el poder adquisitivo no es suficiente para la compra de vivienda frente al incremento del valor por metro cuadrado. Otra de las restricciones que imponen los demandantes es la preferencia de viviendas unifamiliares a multifamiliares, ya que representan la ventaja de construir un local que les permita un ingreso adicional. Por tanto, si se construye obedeciendo estas restricciones de los clientes se llega a una subutilización del suelo ofrecido, solucionando parcialmente el problema de déficit de vivienda. En el caso de las personas que buscan vivienda como una forma de inversión, esta oferta de suelo se reduce aún mas dejando a los multifamiliares como una opción más conveniente.

Finalmente, determinando las preferencias de los clientes, es difícil lograr un equilibrio entre construcción de Viviendas Multifamiliares y Unifamiliares, ya que las decisiones tomadas por los mandatarios distritales, durante la última década han apuntado hacia la construcción de unifamiliares con espacios mínimos y no han optado por soluciones multifamiliares que permitan un aprovechamiento óptimo del suelo y en consecuencia, un crecimiento sostenido de la industria en la ciudad.

Por tanto, las restricciones en materia de cultura económica de los demandantes de vivienda, en conjunción con las restricciones técnicas, legales y políticas han ido poco a poco estancando la industria, relegando las soluciones innovadoras para proyectos privados de vivienda y quitando a los demandantes de estratos 1 y 2 el derecho a una vivienda no solo de calidad, sino medianamente digna.

Proyecto de las 100.000 viviendas impulsaría el PIB
Si antes de finalizar el año 2012, y tal como lo anunció Germán Vargas Lleras, ministro de Vivienda, se empezara a construir el proyecto de las 100.000 viviendas gratuitas, este ayudaría a jalonar la economía nacional ya que el sector construcción es una de las principales locomotoras que impulsa el Gobierno Nacional. Pero además de contribuir en más ingresos, la cifra de desempleo también bajaría debido a la demanda de trabajadores que necesitaría la industria.