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INFRAESTRUCTURA Carreteras buenas intenciones vs desaciertos
jueves, 4 de abril de 2013
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Carlos Alberto Baena López

Hay verdades que no se pueden ocultar. Por el contrario, se deben reconocer, para que identificadas, pueda trabajarse sobre ellas, de cara al encuentro de soluciones efectivas. La infraestructura vial de nuestro país, es una de esas verdades.

Es un hecho notorio que, por lo menos, tenemos tres graves asuntos pendientes en esta materia: Uno, El mal estado de las vías, agravado diariamente por la falta de mantenimiento, dos, la calidad de las mismas, que suelen deteriorarse en mucho menos tiempo de lo esperado o que están por debajo de los estándares requeridos y tres, la ausencia de las mismas, mal presente en gran parte de la geografía nacional.

Como ejemplo de lo primero, basta con dar un vistazo a lo que ocurre en las capitales, donde las dimensiones de la malla vial, frente a los recursos disponibles para su mantenimiento, denuncian rezagos que se hacen inmanejables día tras día.

En relación con lo segundo, recordemos la época cuando se permitía la circulación de vehículos en carreteras nacionales hasta a 120 kilómetros por hora. Una vez aprobada la norma ¿no argumentaron las autoridades que nuestras vías, ni siquiera las más recientes o las dadas en concesión, no estaban diseñadas para esas velocidades? U otro pasaje, cuando las lozas de concreto en las troncales se fracturan incluso antes de darse al servicio de los sistemas de transporte masivo.

Y sobre el tercer asunto, los casos abundan. Hay departamentos de Colombia en los cuales de 100 vías existentes, 80 ó 90 aún están por pavimentar, y que no decir de todas las que están por construirse. No olvidemos que en Cauca o en Chocó, hoy, no se puede llegar por vía terrestre hasta el océano Pacífico.

Muchas son las causas de este presente. Seguramente faltó visión de tiempo atrás, y hablamos de décadas, sino de siglos; tal vez la voluntad y el compromiso del Estado no se concretó; sin duda, los fenómenos de corrupción perjudicaron, y perjudican, el desarrollo vial del país; eventualmente no se consultaron las necesidades reales de la comunidad. Aún hoy se cuentan historias de cómo el ingeniero iba unos metros adelante del Bulldozer, construyendo vías, con poca o ninguna planeación.

Por eso, vemos con buenos ojos que el Gobierno reconozca el problema, como lo procura mediante el Proyecto de Ley sobre Infraestructura que se estudia en el Congreso. Allí, sólo en materia de calidad de carreteras, Colombia comparte posiciones con Uganda o Lesoto, quedando muy por debajo de Kenia o República Dominicana. Cuestión similar nos sucede en infraestructura férrea, portuaria o aeroportuaria.

Buenas intensiones como estas deben protegerse para que tiempo después, no se conviertan en la ruta que nos lleve a revivir hechos lamentables sobre contratación pública que, sin el menor asomo de dudas, Colombia no toleraría más.

Cerremos la brecha, disminuyamos el rezago, pero no dejemos en el olvido la realidad regional de todos estos proyectos: Si contamos con vías nacionales excelentes, pero en los departamentos y municipios siguen sin carreteras secundarias ni terciarias, como hoy sucede, por las cuales puedan circular productos, insumos y personas, estaremos haciendo realmente poco por el desarrollo, la equidad, o la superación de la pobreza.

Consultas previas frenan el desarrollo de las concesiones
La ministra de Transporte, Cecilia Álvarez dijo que las consultas previas están “obstaculizando” el desarrollo de las concesiones. “Vamos hacer una ofensiva grande para sacar adelante la ejecución de la Ruta del Sol III. Lo otro que nos preocupa es la decisión de la Corte Constitucional de suspender un tramo de la carretera que va hacia Buenaventura”, aseguró la Ministra Álvarez.