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Por ejemplo, de una base de 500.000 patentes registradas en América Latina y el Caribe, 85% de las solicitudes fueron hechas por extranjeros, dentro de estas, 36,2% de Estados Unidos y 34,7% de Europa.
En la región, Brasil lidera con mayor participación en el registro de patentes, alcanzado una porción de 45,6%, le sigue México, con 34% y Argentina, con 7,1% de incidencia
El informe ‘Aprovechar la propiedad intelectual para el desarrollo: Oportunidades y desafíos para América Latina y el Caribe’ de la Cepal, entregó una radiografía sobre la investigación, la propiedad intelectual y el registro de patentes en la región, sobre la incidencia de la investigación y el registro de patentes en América Latina y el Caribe, asegura que la propiedad intelectual, PI, puede contribuir de manera más significativa al desarrollo de América Latina y el Caribe, siempre y cuando se incorpore en políticas integrales de desarrollo productivo y en ecosistemas de innovación.
Según es estudio, Colombia se ubica en el quinto lugar entre los países que más registran patentes, con una participación de 3,5%. Liderando está Brasil, con 45,6% de las patentes; México, con 34%; Argentina, con 7,1% y Chile, con 5,7%, esto entre las patentes registradas en la región entre 2016 y 2020, el último periodo analizado.

Para el periodo comprendido entre 2011 y 2015, el ranking permanecía igual, solo con pequeñas diferencias en la participación de los países. En el caso de Brasil, el país tuvo una participación en el registro de patentes de 51,1% entre 2011 y 2015; México, una de 27,3%; Argentina, de 8,7%; Chile, de 5,4% y Colombia de 3,1%, lo que significó que durante el siguiente periodo analizado el país creció 0,3% su registro de patentes.
El informe resalta el avance de la región para el mejoramiento de las condiciones de protección del conocimiento y el lucro que se deriva de la innovación, a su vez que reconoce los desafíos que persisten, como una inversión baja en investigación y desarrollo.
En este escenario los derechos de propiedad intelectual pueden ser una pieza clave para impulsar la innovación, sobretodo con la incidencia de las industrias manufactureras, las cuales, además de representar un gran aporte económico, también aportan en la investigación e innovación.
“América Latina y el Caribe necesita que el debate sobre la propiedad intelectual madure y se alinee más con otras políticas de desarrollo productivo; un debate que se centre menos en la propiedad intelectual como una herramienta aislada y más en el ecosistema en el que opera”, aseguró José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Cepal.
Salazar-Xirinachs, enfatizó en que la propiedad intelectual puede contribuir al desarrollo económico de la región, pero lo hará de manera más eficiente “cuando forme parte de políticas integrales de desarrollo productivo orientadas a cerrar las brechas tecnológicas, fortalecer las capacidades nacionales y mejorar la posición de la región en actividades de mayor valor agregado”, explicó.
Otro de los factores que explicó el informe tiene que ver con la participación extrajera en el registro de patentes. El análisis devela que el mercado de patentes en América Latina y el Caribe funciona principalmente para proteger las invenciones desarrolladas en el extranjero.
Por ejemplo, de una base de 500.000 patentes registradas en América Latina y el Caribe, 85% de las solicitudes fueron hechas por extranjeros, dentro de estas, 36,2% de Estados Unidos y 34,7% de Europa. Datos que se contrastan con 13,5% de América Latina y el Caribe. En cuanto a sectores, las universidades y instituciones públicas generan 29,1% de las solicitudes de patentes; y las empresas privadas, 25,9%.
Según el informe, las instituciones públicas de investigación, como las universidades y los laboratorios nacionales, se configuran en la región como los principales motores de la actividad de patentes en sectores intensivos en derechos de propiedad intelectual. En ambos periodos analizados, estas instituciones destinaron alrededor de la mitad de su actividad de patentamiento a la manufactura intensiva en patentes, con 51,8 % en 2011-2015 y 49,9 % en 2016-2020, reafirmando el papel fundamental en la innovación y desarrollo de la región.
Para la Dra. Paola Santander. PhD., profesora titular de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, la academia es el motor natural donde se genera la mayor parte del conocimiento científico en etapas tempranas, "sin embargo, investigar por el simple hecho de descubrir no es suficiente; la protección intelectual a través de patentes es lo que permite que esa ciencia tenga un impacto real en la sociedad".
Sobre la importancia de las patentes, Santander explicó que "gran parte de la investigación biomédica y biológica se queda en el laboratorio porque carece del respaldo legal que exigen los inversores. Una patente mitiga el riesgo financiero, permitiendo que los descubrimientos atraigan capital para las fases de validación técnica (in vitro, in vivo y clínica) y lleguen finalmente al mercado".
Colombia enfrenta retos estructurales que limitan el registro de patentes en la región, pues aunque se ubica en el quinto lugar, su participación es incipiente en comparación con otros países. Sobre los desafíos, Santander comentó algunos como el sistema de evaluación docente, la burocracia, alta inversión y talento especializado.
Sobre la evaluación docente, anotó que el sistema de evaluación docente tradicionalmente incentiva y premia la publicación rápida de papers, lo que genera un riesgo enorme: "al publicar un hallazgo antes de solicitar la patente, se destruye el requisito universal de "novedad". Es vital fomentar una cultura de protección intelectual previa a la divulgación científica".
En cuanto a la burocracia, explicó que para los investigadores en ciencias biológicas, el acceso a recursos genéticos y productos derivados requiere contratos y trámites que suelen ser lentos y burocráticos, por lo que si este proceso no es ágil, desincentiva la bioprospección con fines comerciales y retrasa los tiempos críticos de patentamiento.
En materia de inversión, puntualizó en que "redactar y mantener una patente, especialmente si se busca protección internacional mediante el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), exige una inversión sostenida. Las variaciones macroeconómicas y el tipo de cambio afectan duramente el poder adquisitivo de los presupuestos de investigación, dificultando financiar las fases internacionales del registro y la validación operativa necesaria para sostener las reivindicaciones de la patente".
Como cuarto reto se refirió a la necesidad de las universidades de robustecer sus oficinas de transferencia de tecnología, lo que significa que se requiere personal altamente especializado "que entienda no solo de leyes, sino de ciencia pura, para ayudar al investigador a traducir resultados de laboratorio en afirmaciones patentables con viabilidad comercial", dijo.
En quinto lugar, habló de la importancia de fomentar la inversión en la investigación fundamental, de las ciencias básicas, aquella centrada en descubrir descubrir nuevos fenómenos y comprender mecanismos profundos sin una aplicación comercial inmediata, pues aunque no generen un rédito inmediato, si no se financia se seca el flujo de descubrimientos originarios.
"Actualmente, la inversión nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) se mantiene rezagada frente a los estándares internacionales competitivos, alcanzando apenas un 0,96% en actividades generales de innovación (ACTI) y estancándose en un crítico 0,28% para Investigación y Desarrollo (I+D). Estas cifras están muy lejos de las metas del 2,5% en ACTI y 1,5% en I+D trazadas por la Misión de Sabios. Aumentar sustancialmente este rubro del PIB es imperativo; sin un músculo financiero que soporte el alto costo de la investigación en sus fases tempranas, es imposible generar la masa crítica de conocimiento y evidencia que posteriormente pueda traducirse en registros de patentes robustos y tecnologías disruptivas para el país", comentó Santander.
Por último, se refirió sobre la necesidad de desarticular la Tripe Hélice: Universidad-Empresa-Estado. "Un ecosistema de patentes exitoso depende de la sinergia profunda entre estos tres actores, pero en el país sus objetivos, lenguajes y tiempos suelen estar desalineados".
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