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Washington incluyó el lunes al vicepresidente Tareck El Aissami y a un supuesto colaborador suyo en la conocida como “lista Kingpin”, convirtiéndolo en el funcionario venezolano de más alto rango bajo esa calificación.

El Aissami negó las acusaciones y Maduro y funcionarios importantes de su Gobierno cerraron filas en torno al criminólogo de 42 años, señalado de supervisar el envío de más de una tonelada de cocaína a México y Estados Unidos.

“Ahí está el imperialismo amenazándonos y aquí estamos más fuertes que nunca (…) No queremos problemas con el señor Donald Trump”, dijo Maduro.

“No quiero pelear con Donald Trump, Venezuela quiere relaciones de respeto pero (…) si nos agreden, callados no nos vamos a quedar. ¡Venezuela va a roncar y va a roncar duro!”, agregó.

Venezuela y Estados Unidos carecen de embajadores desde el 2008, cuando el fallecido Hugo Chávez expulsó al representante del Gobierno de Washington tras acusarlo de espionaje.

Desde entonces, los roces entre ambos socios comerciales han sido constantes. El Gobierno venezolano ha denunciado en repetidas ocasiones la supuesta intromisión del estadounidense en sus asuntos internos y suele culparlo de la profunda crisis económica que vive el país petrolero.

Washington ha negado las acusaciones y en los últimos años ha incluido a varios funcionarios venezolanos en la “lista Kingpin” por sus relaciones con el narcotráfico.

La noche del miércoles, tras una reunión con el senador republicano Marco Rubio y Lilian Tintori, la esposa del apresado líder opositor Leopoldo López, Trump envió un mensaje a través de su cuenta de Twitter @realDonaldTrump exigiéndole al Gobierno de Maduro que libere inmediatamente a López.

A pesar de los roces, Estados Unidos se mantiene como el principal mercado para el crudo venezolano.